«La gente no cuida sus pies»

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

FIRMAS

XOÁN A. SOLER

Muy emprendedora, participó en la creación del Espagat y Valle Inclán

22 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Pilar nació el 8 de junio de 1950, media hora antes de que pasase el Santísimo por delante de la ventana del Preguntoiro. Allí está el domicilio paterno y allí se enfundó la niña el mono de las tareas de casa desde edad temprana, ya que sus padres trabajaban. Había que cuidar de los pequeños de la casa, y especialmente de Susiño, que padece el síndrome de Down. En sus escasos ratos de ocio, la propia rúa Preguntoiro y la Quintana fueron escenarios de su feliz infancia, compartiendo juegos y objetos con otros niños.

Tras pasar por las aulas de Cluny, España y Rosalía de Castro, la joven Pilar optó al llegar a su encrucijada profesional por el camino de la enfermería. «Si se ejercen por vocación, la enfermería y el sacerdocio son las profesiones donde más se ve la realidad de la vida», señala. Y se explica: «Ves imágenes reales, situaciones y motivaciones que te enriquecen en el plano personal».

La chica del Preguntoiro se fue a Madrid para seguir la senda de la podología que su padre Juan aupó a lo alto en la Universidade compostelana, aunque no pudo cumplir sus sueño de que Santiago tuviese una escuela profesional. Con la carrera en la mano, se desplazó a Barcelona para formarse en la «clínica más prestigiosa de España». Su propietario pretendía que Pilar heredase el centro, y su padre suspiraba por la vuelta a casa de su única hija. En la ciudad condal vivía «felicísima, contentísima», pero regresó.

Montó su propia consulta en la calle República do Salvador: «Tuve que luchar mucho porque venía de la mejor clínica de España a un sitio donde la gente no tenía el mismo grado de formación en lo que concierne a esta especialidad y seguía diciendo voy al callista, en vez de voy al podólogo». El intrusismo, por lo demás, era una constante. Y su permisividad, otra.

Pilar cree que entonces había una mejor preparación «y los profesionales eran más generosos y existía una mayor colaboración en patologías. Siempre había alguien que por teléfono te ayudaba a resolver los problemas». Hoy es distinto: «Cada cual resuelve sus propios asuntos. Hay más individualismo».

Clínica

Un problema de visión le indujo a abandonar la clínica: «Lo sentí mucho, porque me hubiera gustado jubilarme haciendo un trabajo en el que sentías satisfacción por poder aliviar las patologías de muchas personas». Pero cuando se marchó, no dejó rastro. Le donó todo el contenido de la clínica a un compañero salmantino: «Tomé esa decisión drástica para evitar verme obligada a atender a algún paciente».

Ella se ha ido, pero la problemática del pie sigue vigente: «El pie nos ayuda a caminar y sostiene el cuerpo humano. La gente no lo cuida ni lo mira».

La familia Vidán siempre fue muy activa y emprendedora, y Pilar no fue precisamente una excepción. Al mismo tiempo que formaba grupos de baile, participaba en la puesta en marcha de actividades profesionales como el gimnasio Espagat («fue referencial») o los cines Valle Inclán. Este último negocio acaba de cerrar sus puertas. «Como todo», apuntilla Pilar. En su ajetreo vital han marcado su impronta valores como «la renuncia, la disciplina y la exigencia».