Figuraciones convulsas en la colección del MAC
24 jun 2013 . Actualizado a las 06:00 h.El Centro Municipal del Banco de España rehabilitado en 2010 por los arquitectos A. Freixedo y P. Diéguez, en base a un proyecto original de Zavala Lafora y Yarnoz Larrosa de 1928, abrió sus puertas como contenedor de arte con parte de la colección de los fondos del MAC, con una selección de 23 piezas de los últimos 20 años de arte contemporáneo y una notable presencia de la mujer. Las obras abarcan todos los formatos: pintura, escultura, instalación, fotografía, dibujo y videocreación.
El David de Leiro apunta amenazante al espectador intruso, con afilada ironía y más rotundidad que puntería. Es una de esas humanidades ciclópeas de las que Leiro arranca desde su sobrecogedora monumentalidad la ternura de lo humano. Carmen Calvo ironiza a un Diego surrealista y putrefacto. Dora Salazar eleva en una escultura sin materia, lo aséptico y anónimo que se corresponde con su mundo simbólico. De Datas, uno de los artistas más representativos de la segunda mitad del siglo XX, Paisaje con figuras en el que se aprecia «ese magma» abigarrado y caótico, vitalista, dolor , euforia y un vacío ausente y neutralizado, una epidermis bajo la que se esconden como emociones, las figuras jeroglíficas, impactantes, sentidas, descentradas, cambiantes, de profundo dramatismo que remiten al Expresionismo Abstracto Americano de De Kooning a Pollock, del Grupo Cobra, al feísmo consciente de Dubuffet y la abstracción de Kandinsky.
Xoán Anleo plantea una danza sobre dos plataformas de madera de ocume en las que las bailarinas en su uniformidad giran sin cesar mientras que se ven enfrentadas dos de ellas, intervenidas y singularizadas por el color, que miran hacia fuera dialogando con sus equivalentes, una fusión entre arte y cotidianidad, introduciendo el objeto iconizado en el discurso estético, son objetos magnificados de uso cotidiano, una trama conceptual cuyo origen está en el Pop Art y el desplazamiento del significado del objeto en su tránsito de lo útil al arte, a partir de la idea de «No lugar» y como el espacio y la arquitectura transforman este concepto. Lo irónico se vuelve kitsch en un eclecticismo que remite a los «mass media» descontextualizando el objeto convertido en icono. Carlos Rial con sus figuras clonadas, grupos compuestos por individuos idénticos, protesta contra la reproducción en serie, esa multiplicación sin identidad.
Arroyo parte de un uso matérico del color y conquista la pincelada lisa del Pop Art anulando la profundidad espacial y aplanando la perspectiva, introduce elementos iconográficos que combinan la desmitificación del arte con la denuncia y ridiculiza tópicos españoles y autores de vanguardia como Duchamp o Miró. Una obra de Genovés representa una huída en masa hacia ninguna parte, un caos ordenado en círculos concéntricos que responde a un miedo colectivo y anónimo, un phatos dramático. La instalación de Bernardí Roig Lighdream activa con su presencia el espacio que ocupa, soberbia. Jaume Plensa muestra su interés por el espacio, el volumen, la integración de letras y de distintos alfabetos en sus «pictorelieves». Su obra supera los límites de la pintura siendo sus escenográficas para La Fura dels Baus, proyección de emociones, experiencias e ideas.
En fotografía: Pere Formiguera inquietante, crítico, hacia la desacralización del arte, Elena Poblete, Ricky Dávila, Cristina García Rodero, y el lenguaje visual de Isabel Muñoz, un estudio del cuerpo con la sensualidad del espacio insólito, el glamour del blanco y negro, la cianotipia y platinotipia, el fetichismo, la intención y el compromiso social. El «Efecto Tuymans» de la fotografía de Vari Caramés, ese concepto de borrosa realidad intuida, subrayando la atemporalidad y la poesía de lo ambiguo, los desenfoques que transforman la realidad según la percepción haciendo transcender las imágenes a un impresionismo pictoricista de sensaciones. La videocreación de Isabel Rocamora Horizon of Exile reflexiona sobre la identidad cultural, la condición femenina, el éxodo y la violencia. Basada en testimonios de Surma Hamid y Nadia Mahmood, profundiza en el subconsciente emotivo de la ablación, mujeres amputadas, heridas, en una dramática coreografía con un paisaje cargado de simbolismo, el doloroso camino del exilio. El atentado contra la feminidad y la sexualidad femenina por la brutalidad impuesta por el hombre, arrancada, sesgada bajo la alegoría de la fruta (tópico medieval) subyace el sexo femenino amputado por el cuchillo de la intolerancia.