El riesgo de los exóticos

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La suelta de especies foráneas, accidental o fortuita, supone un grave peligro para la fauna autóctona

09 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

chequeo al medio ambiente equilibrio natural en peligro

Sucedió hace unos años: esquina de la calle Venezuela, gritos de viandantes ante una rata de tamaño espectacular que subía por la Gran Vía. El bicho, de buen tamaño si fuera una rata, en realidad se trataba de un visón americano. La pregunta pertinente sería qué pintaba un visón por el medio de Vigo, y americano además. En realidad lo extraño solo era el lugar, porque la especie ya es la única que podemos ver en nuestro entorno y prácticamente en todo el resto de la península. La invasión de visones americanos, por escapes accidentales de granjas peleteras o sueltas deliberadas, ya ha extinguido al visón europeo en Galicia. Al igual que las especies vegetales, también los animales exóticos invasores representan un serio peligro para el equilibrio natural.

Su llegada a veces es accidental, como los lagartos espinosos, frecuentes polizones en cargamentos de fruta del puerto y ya viejos conocidos en Guixar. En otros casos su entrada es deliberada, como las carpas y carpines rojos de lagos y estanques mientras algunos se fugan de su cautiverio, como no pocas iguanas y alguna serpiente pitón.

En muchos casos estos ejemplares no sobreviven a nuestro hábitat, pero en ocasiones se adaptan, y si además encuentran pareja el problema está servido. Bien por ser portadores de enfermedades que afectan a las especies autóctonas, o por ser más agresivas y territoriales, estas especies exóticas desplazan, e incluso llegan a extinguir, a sus parientes locales.

Riesgo constante

El concepto de un animal exótico e invasor es a veces engañoso, porque nos puede llevar a pensar en especies originarias de otros continentes, y generalmente es así, pero un simple gato doméstico liberado en una isla puede representar un peligro ecológico. No hay que irse lejos para encontrar ejemplos como el clásico de los conejos en Australia. A nuestro alrededor tenemos abundantes invasiones biológicas. En algunos casos se producen a ritmo vertiginoso, y caen sobre ejemplos botánicos previos, como el goniopterus, un gorgojo que entró en Galicia desde el puerto de Marín y que en pocos años se convirtió en plaga que afecta a los también invasores eucaliptos.

Ocurre en ocasioness que el potencial invasor es más lento y disperso, pero constante, como la famosa colonia de cotorras argentinas de la finca Mirambel que poco a poco se extiende por el Lagares y aparecen ejemplares en Cangas y Tui. Un caso similar al de algún que otro mapache visto por Arousa.

Se trata de un problema generalizado, pero aún así podríamos indicar algunos puntos críticos de nuestro entorno en los que resulta urgente actuar. Los gatos domésticos y los visones representan un serio riesgo para las poblaciones de anfibios y aves en Cíes, aunque no es raro encontrar al visón americano en el Lagares o el Eifonso. Las tortugas de Florida amenazan la supervivencia del galápago europeo (especie en situación crítica) en las Gándaras de Budiño. El cangrejo de río americano prácticamente extinguió las poblaciones del cangrejo autóctono en la provincia. La voraz perca americana, o black-bass, arrasa embalses como Zamáns y algunas barreiras en el río Louro. Y finalmente, nuestro último invasor conocido, el escarabajo rojo picudo que ya es una plaga en Gondomar. Pero además de la situación actual podemos pronosticar la crónica de una invasión anunciada, como el mosquito tigre, la abeja africana o el mejillón cebra, que llegarán para quedarse. No es asunto menor, pues las invasiones biológicas son, tras la destrucción de hábitats, el principal riesgo para la conservación de la biodiversidad, de la que dependemos todos y depende todo.