Poco a poco va tomando cuerpo el despropósito de relegar, ferroviariamente hablando, a la zona más poblada e industrial de Galicia. Desde luego, no es porque no se supiese desde hace tiempo. Tanto el PSOE como el PP han contribuido a primar el eje de Santiago. El último alcalde que ha callado durante años (sobre todo los del ministro José Blanco) ha sido Abel Caballero, que empeñó su palabra en que no sería candidato si el AVE no llegaba al mismo tiempo a Vigo que a Coruña. La realidad es que la salida directa hacia Ourense por la variante de Cerdedo duerme el sueño de los justos en algún cajón del Ministerio. Porque no hay dinero o porque se considera innecesario. Los vigueses están condenados a dar un rodeo por Santiago. Cada vez más, porque su fuerza era la de aglutinar a los pasajeros de toda la provincia. Pero Renfe lo tiene claro y prefiere ir educando a los viajeros del sur, para que vean viendo por la ventanilla la Catedral.