Los brotes verdes del Liceo

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Santos es una de las joyas que empiezan a aflorar en la cantera del tenis de mesa

12 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El Liceo y el tenis de mesa están indisolublemente asociados. Aquellas mesas que estaban en la parte de arriba del pabellón, con las bolas que de vez en cuando caían sobre la pista y obligaban a parar el entrenamiento de turno. Allí seguro que fue donde empezaron a jugar los Castro, Recuna y compañía. Eso era para los aficionados. Los que se dedicaron a ello en serio, los Recuna, Catro y compañía, pasaban a jugar en uno de los bajos de aquella mítica sede que pasó a mejor vida. O, al menos, una vida distinta a la de la sociedad, por cierto.

Ahora, la sección de tenis de mesa del Liceo sobrevive, y en buen estado de salud, en otro pabellón mítico: el del gimnasio de A Lomba. Allí, un puñado de jóvenes aficionados al ping-pong aprenden todos los secretos rodeados de las espalderas por las que treparon muchas generaciones de vilagarcianos. Y surgen brotes verdes que amenazan con sacar de la pista a los Recuna, Castro y compañía. Algún empujón llegará desde el propio domicilio, que la segunda generación de Castro, Recuna y compañía comienza a asomar la cabeza, pero también hay figuras sobrevenidas.

Dos años

Manuel Santos es prácticamente un advenedizo. Apenas lleva un par de años dedicándose al tenis de mesa tras contactar con este deporte en una de las escuelas municipales, pero parece mostrar maneras. Cierto es que cuenta con la ventaja de tener como entrenador a todo un grande de este deporte como es Nigeruk, pero también es verdad que no es muy habitual que un chaval de todavía trece años - cumplirá catorce el día 7 de junio- cuente ya en su palmarés con un par de encuentros en la División de Honor. Dice Manuel que está bastante satisfecho de su nivel de juego en aquellos encuentros, de los que pudo disfrutar porque el conjunto liceísta ya estaba salvado y porque a los Castro, Recuna y compañía se les empiezan a acumular las palas gastadas y ansían un relevo.

Se define Manuel como un jugador ofensivo y habrá que creerlo. Está en la edad de ser tímido y hay que sacarle las respuestas con un sacacorchos del quince. Sus entrenadores apuntan que le falta un pelín de agresividad y da la impresión de que por ahí pueden ir los tiros.

Si algo está claro, de todas formas, es que está en el lugar ideal para que las cualidades que se le atisban puedan salir a la luz. Él apunta que su mayor pecado es que juega demasiado cerca de la mesa -regresamos pues a la inseguridad y al carácter- pero que es algo que está corrigiendo. Evidentemente, por horas de trabajo no va a ser. Manuel entrena cuatro días a la semana y un par de horas en cada sesión.

En él, pero no solo en él, están depositadas muchas esperanzas de que en la sección de tenis de mesa del Liceo lleguen las caras nuevas. Mientras tanto, Manuel seguirá disfrutando viendo como juegan Nigeruk, su clara referencia, y los Castro, Recuna y compañía.

mirando al futuro manuel santos diz