Tras un año de malos precios y demoledoras riadas, hay titulares que aguantan en los viveros porque no hallan a quién transferir el negocio
25 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Con la llegada del sol y el buen tiempo, los parquistas de Carril se acercaron a sus viveros con cierta aprensión. La salinidad del agua había alcanzado, con las últimas lluvias, unos niveles preocupantes. Y como las últimas lluvias caían sobre unos parques ya mojados por las riadas, muchos temían que las pocas almejas que habían sobrevivido a la primera oleada de agua dulce hubiesen sucumbido a la segunda. Afortunadamente, señalaba ayer José Luis Villanueva, no ha sido así. La japónica y la fina han aguantado el chaparrón. El 80 % de la babosa se perdió hace ya tiempo. Y el berberecho, ya se sabe, está desaparecido de toda la ría desde hace meses.
Las riadas son un enemigo al que los parquistas están acostumbrados. «Estamos acostumados a levantarnos, rexenerar, sementar e empezar de novo», argumenta Villanueva. Pero, con los tiempos que corren y con los precios por los suelos, poner sobre el tapete el dinero necesario para la compra de semilla se ha transformado en un gesto especialmente doloroso. Al fin y al cabo, es esta una inversión sujeta a demasiados avatares.
Ante semejante tesitura, no es de extrañar que haya parquistas, cada vez más, que estarían dispuestos a transferir la titularidad de sus concesiones si encontrasen a quién colocárselas. Las ofertas de parques se encuentran hasta en portales de Internet, mezclados con pisos en venta y negocios que se traspasan. «O problema é que non hai tanta xente que queira coller os viveiros», explica Villanueva. La incertidumbre jurídica que existe sobre esas concesiones, y la sombras que han caído sobre su rentabilidad, pesan demasiado.
«Nestes momentos, quen ten un traballo ten un tesouro. Pero o traballo ten que ser rendible, e hoxe por hoxe no sector hai moita desconfianza cara o futuro», sentencia el presidente de los parquistas.
Con esa desconfianza a cuestas, muchos parquistas bajan a la arena cada día, porque los parques no pueden abandonarse a su suerte. Eso sí, algunos titulares arriesgan más y se lanzan a una regeneración ambiciosa, y otros echan el freno y rebajan la apuesta. Todo, en función de la confianza que cada uno tenga en el futuro y, sobre todo, de la capacidad de maniobra económica de la que disponga ahora.
1.200
Parques
Los tamaños varían desde los 50 metros a varios miles
1.500
Metros mínimos
Para que un vivero pueda ser la actividad única
21
Euros
Inversión en semilla por cada metro cuadrado de parque