Por fin somos los primeros en algo. En el área metropolitana de Vigo, en el arenal de Patos (municipio de Nigrán), se están instalando las primeras duchas de playa en las que, para que el agua caiga sobre nuestros hombros y nos libre de la incómoda salitre, hay que apoquinar unos céntimos de euro.
Pues no está mal la idea. No hay como pagar por algo para apreciar lo que vale. Esta medida puede ser el inicio de una nueva era. Adiós a la estampa del bañista que, de paso que tal.... se planta con el neceser y ¡hala!, a quedarse como una patena tras media hora de show público, una performance de corte realista que, mientras la cola aumenta sin importante lo más mínimo la paciencia de los sufridos espectadores, consiste en, a saber: primero, sesión de champú para el pelo, masaje del cuero cabelludo y aclarado; suavizante y nuevo aclarado, unas gárgaras disimuladas y luego ya el tradicional automagreo que alcanza dos momentos culmen del paroxismo, el frotamiento axilar con aleteo sincopado y una rápida maniobra para pasarse el jabón por sus partes pudendas.
Como diría un Nexus 6, he visto cosas que vosotros no creeríais, y no precisamente naves ardiendo más allá de Orión, sino tipos en las duchas de playa sacando la Gillete que más apura el afeitado y sacando un espejo de no se sabe dónde para recortar mejor las zonas difíciles. Por supuesto, este es un relato de caso extremo. En fin, que como siempre, pagarán justos por pecadores. Pero si los usuarios de Patos están en contra de la medida recaudatoria, pueden venirse a Vigo. ¡Paga la casa!, que aquí somos muy generosos e invitamos a todo el mundo a derrochar agua, ya que gastemos lo que gastemos, pagamos a Aqualia siempre lo mismo, con lo que el factor ahorro se convierte en un absurdo. Mientras tanto, dúchese en su casa, por favor...
begona.sotelino@lavoz.es