Un museo musical en el Casco Vello

Fran Gutiérrez Petrovich acumula miles de cedés en el bar que abrió hace un cuarto de siglo


vigo / La Voz

El Tipo X, un pequeño bar que puso en pie hace más de un cuarto de siglo Fran Gutiérrez Petrovich, no es solo un pub. Es un magnífico templo sonoro en el que su dueño ha aprovechado hasta el último rincón para poder colocar en sus estanterías los tesoros musicales que ha ido acumulando. Son sus propias filias las que marcan el estilo de un local en el que su propietario se siente como en casa. De hecho, el Tipo X es como una prolongación de su propio hogar, que comparte con todo aquel que atraviesa la puerta, un envidiable museo retro, envidia de coleccionistas.

Los orígenes de Fran Gutiérrez son bien curiosos. El hostelero nació en Shangrilá, que aunque suena como el paraíso utópico budista habitado por inmortales, es un barrio balneario de Ciudad de la Costa, en Uruguay.

«Mi padre, Darío, que era de Forcarei, emigró a América con 17 años y murió con 55. Entró por Brasil, pasó a Argentina y acabó en Uruguay. Y allí la familia de aquí le perdió la pista hasta que lo localizaron 20 años después. No sabían ni que tenía hijos», cuenta.

En aquel «limbo», Darío conoció y se casó con la croata Elisabeth, que años después, buscando la prosperidad que ya no estaba de aquel lado del charco, acabaría reencontrándose con la parentela gallega en casa de su cuñada, en Vigo.

«Yo vine aquí por primera vez en 1982. Estudiaba mecánica naval y vi que había posibilidades en el sector, pero llegué en mal momento. Así, dos años después, tras acabar la carrera, Fran abandonó el paraíso de Shangrilá para encontrarse con el infierno de la reconversión naval. «Vine con esa ilusión y se jorobó el chollo, por eso acabé en la hostelería. Por las ironías de la vida, me puse a trabajar en La Mar en Coche en vez de la de verdad», ríe. Antes se empleó en la empresa frigorífica Vieirasa, pero su trayectoria ya siguió después por diversos establecimientos nocturnos: La Casablanca, Gaseosa, El Chalet... hasta que en 1987 se hizo con el traspaso de la tienda de bacalao de Maruja, que llevaba 40 años con el negocio en aquel local que reformó de arriba abajo para empezar nueva etapa.

Llegó en plena movida. «Había tanta marcha que no se podía ni andar. Entre esta calle y la de abajo éramos más de 40 bares y todos funcionaban», recuerda, decepcionado por el abandono eterno del Casco Vello que nunca acaba de despegar.

Fran se define como un amante de la música, una pasión que heredó de su madre. «No tenía discos en Uruguay, pero ella siempre tenía la radio encendida y me transmitió esta gran afición que siento. Acabé montando este bar y comprando toda la música que oía de niño. La tengo casi toda. Me falta una canción que no consigo encontrar ni con el Shazam», lamenta. «Hay elepés, de América, Eagles, la E.L.O., Toto... que tengo repetidos hasta 4 veces, por si se me estropean. Lo que más me gusta es lo que escuchaba en los 70 y los 80 y es de lo que más tengo. Aquí puedes encontrar de todo menos bacalao y rock metal», puntualiza. «Mi ilusión es montar un museo de la música. En casa tengo 3.000 discos, unos 500 vídeos de conciertos y como 800 cedés más. Me gustaría tener un local más grande y meterlo todo allí», reconoce el melómano, que se niega a pinchar con el ordenador, «ni con Mp3, ni con Spotify, ni metiendo todo lo que tengo en discos duros». Además, de las paredes del Tipo X cuelgan, enmarcadas, decenas de tarjetas de míticos bares desaparecidos, como La Kama, el Kremlin, el Malecón o Ruralex «y de garitos como el Groucho, el primer pub que hubo en vinos», añade. «Algunas eran mías pero muchas me las regaló Lolo, que fue Dj del Embassy».

También decoran su local entradas de conciertos que recuerdan hitos de la música en directo en Vigo y en Galicia: Madonna, Springsteen, REM, Dylan, Roxy Music...

Además tiene una carta de chupitos con nombres de estrellas y un mausoleo con fotos de artistas según van dejando este mundo. De Elvis a Whitney Houston. «El día de sus aniversarios ponemos un concierto y les hacemos así un homenaje».

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