Fiel a su cita cuatrienal, como las Olimpiadas, la Eurocopa y los Mundiales, ya llega la huelga de la basura. Si nada se tuerce, pronto veremos Vigo comido por los desperdicios. Rebosarán los contenedores y olerá a despacho de Bárcenas. Porque, cumplidos los cuatro años de vigencia del convenio, la concesionaria del servicio, FCC, ha vuelto a hacer a sus empleados una oferta que no podrán aceptar.
La empresa de las Koplowitz propone a sus basureros bajarse el sueldo e incrementar su jornada. Se habla de congelación salarial, retirada de complementos y trabajar dos horas y media más por semana. Para justificarlo, FCC alude a la crisis. ¿Pero qué crisis?, cabría preguntarse.
Crisis puede padecerla un comercio que ha visto caer sus ventas o una fábrica que ya no produce como antes. Crisis la sufre un taxista o un funcionario público al que le quitan la paga extra. ¿Pero qué clase de crisis va a sufrir una empresa que cobra un fijo municipal, que se incrementa año tras año?
El Concello de Vigo no solo no ha recortado asignación alguna a FCC por la limpieza y recogida de basuras. Sino que ha incrementado la partida este año de 22 a 27 millones de euros. ¿Qué razón puede tener la empresa para recortarle salarios y derechos a sus empleados? La crisis se está utilizando como excusa para toda suerte de atropellos. Y la reciente reforma laboral ha dado vía a libre a cualquier canallada. Como que, aprovechando la coyuntura, una empresa quiera ganar más a costa de sus empleados.
Por desgracia, si se llega a la huelga, la gente cargará contra los basureros. Porque el hedor nubla la mente. Por eso hay que decir que esto es una injusticia contra unos trabajadores.
Antes de que empiece a oler, centremos el caso: No es basura, es usura.
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