Los vecinos de Coia a los que tanto molestaban los árboles ya pueden estar contentos. Gracias a la inestimable intervención del alcalde de Vigo, preocupado por la salud de sus administrados, ahora ya no sufrirán alergias por polen generado por árboles «extremadamente contaminantes», en palabras del regidor. A cambio, durante mucho, mucho tiempo, tampoco tendrán sombra en cuanto empiece el sol a caer a plomo ni pantalla acústica que absorba el ruido del tráfico ni masa forestal que asuma la contaminación. Tras la eliminación de más de cien árboles de distintas especies, sobre todo chopos, la avenida de Castelao luce llena de calvas el trabajo implacable de las sierras eléctricas. Ahora, los vecinos solo tienen que esperar entre diez y quince años a que los nuevos árboles crezcan. Algunos no lo verán nunca.
Caballero auguró que «vendrán a ver cómo es esto desde Hyde Park corner, nos lo van a copiar». Por ahora no se conoce visita británica alguna para tal fin. Y mejor que no vengan, porque igual les daba la risa floja ante semejante boutade. Lo que sí es posible que ocurra es que empiecen a llegar científicos de todas partes del planeta para analizar las especies «extremadamente contaminantes» que crecían en Vigo a sus anchas hasta que alguien decidió, para el bien de la humanidad, el exterminio de los peligrosos especímenes. Pero llegarán tarde. Ya no queda ni rastro.
Desde hace unos años, la ciudad puede presumir de tener 3.500 pequeños árboles nuevos de endeble porte que duran tres telediarios. Le llaman humanización. Pero si de verdad quieren humanizar ¡hagan más y mejores parques! A alguno no le vendría mal volver a Inglaterra a recordar tiempos como estudiante y de paso fijarse en cómo cuidan su masa arbórea los hijos de la Gran Bretaña.
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