«No somos los monjes de Silos»

FIRMAS

Martina Miser

Olvídense de los tópicos. Las monjas cistercienses del monasterio de Armenteira tienen página web, fabrican cosméticos naturales y acaban de grabar un disco de música religiosa

01 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Las paredes del monasterio de Armenteira son sólidas, rotundas. Los muros de granito oscurecido por siete siglos de historia y lluvia parecen ser lo suficientemente recios como para que las religiosas que allí viven resistan el asedio del mundanal ruido, de las prisas, de las crisis y del vértigo. Ellas resisten, sí. Rezan y trabajan y cantan. «Parecen ángeles», dicen quienes han oído sus voces en la solemnidad de Armenteira. Y esos ángeles han decidido, ahora, hacer llegar sus voces y sus rezos a todo el mundo. ¿Cómo? Editando un cedé.

Todo ser que alienta es el título de un disco que surgió en la hospedería del convento. Ahí, al menos, fija su nacimiento la hermana Lourdes. «Había muchos huéspedes que se sentían muy a gusto participando con nosotros en las oraciones y que querían, de alguna manera, seguir orando con nosotras en sus casas». En otros tiempos sería imposible cumplir ese deseo, pero estamos en el siglo XXI. Y las monjas de Armenteira, también. Una congregación que dispone de página web y que vende sus jabones en un show-room de la calle Serrano no iba a tardar demasiado tiempo en tomar la decisión de grabar un disco. Y lo hicieron.

Aunque sus dotes para el canto estaban claras, las hermanas quisieron jugar sobre seguro y se tomaron su tiempo. Un salesiano, el padre Isauro García, acudió durante semanas al convento para dirigir los ensayos y para prepararlas para enfrentarse a los micrófonos.

En un solo día

«Grabamos en un día», cuenta la hermana Lourdes. Empezó la jornada con la llegada a la capilla del convento de un chico cargado con «varios micrófonos y otras máquinas». Cuando todos los aparatos estuvieron listos, las monjas alzaron sus voces y cantaron himnos y salmos sin más sostén musical que sus propias cuerdas vocales y un órgano sabiamente tocado.

El disco de laudes, vísperas y completas está formado por piezas que tienen su origen en melodías gregorianas, pero que han sido actualizadas y aligeradas. «No somos los monjes de Silos», dice la hermana Lourdes, y parece que se oye su sonrisa a través del teléfono. Allá por los noventa, los de Silos se convirtieron en un fenómeno musical gracias a sus cánticos monacales.

En Armenteira no aspiran a tanto. Se conforman con que su música encuentre el camino no solo hacia «quienes quieren rezar con nosotras», que también, si no hasta «toda la gente dispuesta a la meditación y que aprecia la música que lleva vida y paz».

Y es que las monjas confían en que su disco aporte serenidad en un mundo que está desquiciado. Quizás por eso se imaginan a la gente escuchando sus voces camino del trabajo o de vuelta a casa, «en el coche, cuando van en caravana». Aunque tal vez ese no sea el mejor momento para poner el disco. No les vaya a pasar como a san Ero, el fundador de Armenteira, que se pasó doscientos años escuchando el canto de un pájaro.