Hace solo dos años que empezó a ver que lo que flaqueaba en España podía compensarse con la venta en el exterior. No lo dudó. Manuel Otero, propietario de O Percebeiro, distribuye pescado y marisco por el territorio nacional y ha empezado a hacerlo en Andorra, Francia y Suecia. Aunque Madrid sigue copando el 75 % de sus ingresos -antes era el 90 %-, los mercados europeos son ya un 5 % y amenaza con seguir creciendo. «A mi este salto internacional me sorprende mucho, pero el objetivo en el extranjero es crecer. La cosa está un poco mal y hay que buscar nuevos mercados», señala Otero en un descanso de su clase en la Escuela de Negocios de Novagalicia Banco. El consumo nacional ha caído. El responsable de la firma que distribuye la mercancía fresca desde el Puerto de Marín es muy claro. «Vendemos producto de alto poder adquisitivo que se usaba en muchos cierres de negocios, pero ahora ha cambiado la mentalidad. Las empresas no pueden negociar a la baja en una mesa con marisco. Lo que antes se empleaba para mostrar fortaleza ya no se hace», explica.
Si de algo se sorprende Otero es del comportamiento sueco, donde trabaja cada vez más. El secreto que esconde en Estocolmo es una persona que conoce bien el idioma y el canal de distribución. Algo que todavía no ha conseguido en París. Pulpo, navajas, almejas y percebes son los productos que más embala la empresa de Manuel Otero, que genera veinte empleos en Marín. «Nunca me imaginé a un sueco comiendo un percebe», señala como muestra del éxito que tienen en el país nórdico. Europa gana terreno a los mercados nacionales para eludir la crisis que redujo el consumo local en un 30 %.