El linaje gallego del Castelo de Doiras

La fortaleza fue creada en el siglo XV por Diego Pérez Osorio y Guzmán, primer señor de Cervantes


lugo

Se han escrito cosas diversas sobre el conocido como Castillo de Doiras, situado, como los lectores sabrán, en el bello Concello de Cervantes, a orillas de la antigua calzada romana XIX de Lugo a Astorga (según estudio del catedrático Antonio Rodríguez Colmenero) y en un lugar que algunos creen derivado de la raíz celta dwr à dur, que significa agua. Creo recordar que todo lo dicho es verdad pero me permito opinar que no era toda la verdad, si bien hay cuestiones que no es usual que sean generalmente conocidas. Una de dichas cuestiones era la de la titularidad histórica de la Torre de Ferreira -su denominación originaria, muy cerca de la Ferrería de Fonquente-, pues se afirmaba que perteneció a los condes de Grajal (Grajal de Campos, en León) y a los duques de Sesto y, si bien eso es cierto, lo fue después de bastantes generaciones que arrancan en el siglo XV con su creador y primer titular, don Diego Pérez Osorio y Guzmán, I señor jurisdiccional de Cervantes y de Villacid, esta localidad en Valladolid.

El linaje noble de los Osorio (no hay apellidos nobles sino linajes nobles, que no lo son todos los de un mismo apellido, aunque sobre el concepto de nobleza -una pura convención social retroalimentada por sus propios beneficiarios- habría mucho que hablar) tuvo su origen en las tierras del Reino de León, en los términos de lo que hoy viene siendo la provincia del mismo nombre. Otro asunto, éste de los nombres de dicho Reino (primero de Galicia, después de Asturias, más tarde de León, siempre según el lugar de residencia de sus reyes pero la mayor parte en el mismo ámbito territorial de la romana Gallaecia), digno de consideración, mas, como digo, ese es otro asunto, bien estudiado por el profesor Anselmo López Carreira.

Discutido el nacimiento de los Osorio históricos con Don Suero o Don Osore a raíz de las luchas mantenidas por el legendario rey Don Rodrigo y el dux bellorum («jefe de batallas», aunque trasnochados patrioterismos le llamen rey) Don Pelayo, es lo cierto que a finales de la alta Edad Media ya algunos Osorio se titulaban condes cuando eran más bien «ricoshombres», con influencia considerable sobre tierras y personas. A estos efectos, debemos tener en cuenta que, en puridad, los condes eran en principio cargos administrativos Reales (evolutivamente cómite, comte, conde, es decir, compañero o encargado del rey), especie de gobernadores con amplias facultades, salvo las legislativas. Así, estaban sujetos a nombramientos y destituciones.

Hospital peregrinos O Cebreiro

El conde Gutierre Osorio III se casa con doña Egilo, hija del Conde Gatón del Bierzo, repoblador de Astorga en el siglo IX, siendo ella la fundadora del hospital de peregrinos en la localidad que hoy se conoce, propiamente, como Hospital da Condesa, en los aledaños del lucense O Cebreiro. El hijo de ambos, Conde Osorio Gutiérrez III, es ya Señor de La Ribera y La Cabrera -comarcas situadas entre Ponferrada y Puebla de Sanabria, para entendernos- y el nieto es el famoso Conde Santo Osorio Gutiérrez IV, venerado en nuestro hermoso monasterio de Vilanova de Lourenzá, uno de cuyos hijos, Gutierre Osorio V, pasa a desempeñarse como Alférez (abanderado) del rey Bermudo II, y otro hijo, Martín Osorio, dará lugar a las dos principales ramas bajomedievales de esta familia: la de los Condes de Lemos y la de los Condes de Trastámara (significa detrás del Tambre).

En 1370 don Pedro Álvarez Osorio y Guzmán es nombrado I conde de Trastámara con vinculación hereditaria. Lo hace Enrique II de Castilla, y su deudo Enrique IV lo hará con su pariente don Pedro Álvarez Osorio y Enríquez nombrándolo Conde de Lemos, también con vínculo hereditario, en 1456. Una hija de éste, doña Juana de Osorio y Bazán sería marquesa de Villafranca del Bierzo.

Y hasta aquí hemos llegado, rogando yo disculpas por el largo exordio, que no tiene otra intención que la de poner las cosas en su sitio recordando la impronta social de los Osorio (la dicha y varias más) en Galicia, la que no tuvieron, por simples razones de matrimonios muy posteriores y vinculación sencillamente nominal, sus sucesores los condes de Grajal, y aún más tarde los marqueses de Alcañices, y todavía después los duques de Sesto. Don Diego Pérez (=hijo de Pedro) de Osorio, hijo del citado I conde de Trastámara es instituido como I Señor jurisdiccional de Cervantes, como se dijo, al tiempo que su hermano Álvaro era nombrado I marqués de Astorga y su otro hermano, Pedro, pasaba a ser el II conde de Trastámara.

Martínez Baladrón

Cuando don Emilio Martínez Baladrón, compostelano cliente del despacho de mi padre y persona muy adinerada -casado con una prima suya más adinerada aún y de la que no tuvo hijos- adquirió a sus legítimos dueños vinculares el castillo de Doiras, pasaba alguna vez por mi casa de Becerreá. Con ocasión de llevar con él (en un bélico Jeep que había comprado en Cuba al ejército de los EE.UU.) un joven ejemplar de mastín, yo, adolescente imaginativo e inquieto, me fui al castillo con ambos. Pernoctamos los tres cabe la Torre y don Emilio se dedicó a hacer durante dos días unas fotografías que le había pedido mi recordado maestro don Dalmiro de la Válgoma, villafranquino y Secretario perpetuo de la Real Academia de la Historia.

Es lo cierto que el hermoso mastín, de nombre Lupo en honor a los lobos de los Osorio de la Torre de Doiras, se hizo mi compañero inseparable durante muchos años porque don Emilio acabó regalándomelo.

Lupo yace en una finca de Becerreá, bajo un viejo manzano que aún florece cada incipiente primavera en rosa vivo. La nobleza de Lupo -ésta sí, verdadera, palpable y ejemplar- fue la más grande de esta historia que les cuento.

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