Cacereña de nacimiento, solo le pone un pero a la ciudad, la lluvia
28 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Isabel Redondo Zambrano
51 años
Trabajadora social
La plaza de Fonseca, porque la primera vez que vine de turista me encantó, ya que engloba el tránsito de la ciudad.
Va camino de las dos décadas en Santiago, pero admite que es «compostelana de corazón». Y eso que el clima de la capital de Galicia le resulta especialmente incómodo a esta admiradora del sol y del Mediterráneo. Isabel Redondo, trabajadora social del centro de salud de Vite, se adapta a lo que caiga. «Si me dicen que me tengo que ir a Alaska, me pongo mi gorro y ya viajaré a algún sitio soleado».
Cacereña de nacimiento, la vida le llevó a estudiar Trabajo Social en Zaragoza, aunque entre sus vocaciones también figuraban Bellas Artes, de hecho le encanta pintar, y Comunicación. Allí, estudiando, conoció a Luis, un gallego de Lugo, y aunque comenzó a trabajar en Mérida y después fue a Zaragoza, al final la terriña de su marido tiró. Llegó a Vigo a finales del 91 y le encantó. «Cosmopolita, nos coincidió un clima fantástico, me adapté de maravilla».
Pero, ay, después llegó Santiago, en el 94, la ciudad en donde la lluvia es una maravilla, a veces, pero moja siempre. «Me costó un año adaptarme por la lluvia», apunta Isabel, pero ahora no la cambia. «Me llena, tiene las ventajas de las ciudades pequeñas por su accesibilidad, y de las grandes por su ambiente, su oferta cultural, su aeropuerto». Tampoco le cuesta mucho a Isabel adaptarse allá donde vaya, porque habla maravillas de Cáceres, de Mérida, de Zaragoza, de Vigo... «La vida es una adaptación y todos los cambios te aportan». Y formó así una familia con una cacereña (ella), un lucense (su marido), una emeritense (su hija mayor) y una compostelana (la pequeña).
Elige como rincón la plaza de Fonseca pero todo el casco histórico le parece increíble. Procede de otra ciudad patrimonio de la humanidad, Cáceres, con la diferencia de que allí el núcleo no está habitado al estar plagado de palacios e iglesias. «El casco histórico quita el estrés», dice Isabel en relación al compostelano. Praterías, el pórtico da Gloria, los tejados de la Catedral, los patios del Hostal... Rincones que en definitiva «no invitan al estrés». Y en concreto, la placita de Fonseca, tan olvidada al lado de la majestuosidad del Obradoiro, a la que recuerda desde la primera vez que la vio, hace más de dos décadas siendo una turista «y con tulipanes rojos».
Una crisis que golpea
Encantada con su profesión de trabajadora social, fue una de las primeras que entraron a formar parte de la atención primaria, ya que antes este servicio se limitaba a la atención especializada. La crisis, sin embargo, le está dejando estampas que no había visto en su vida. «Hasta hace un año no había visto nunca casos, o solo una vez cada año, de personas que viniesen con necesidades básicas. Ahora es una constante, en una semana dos, con problemas económicos de base graves».
Familias en donde todos los integrantes están en paro y acuden a los servicios sociales y sanitarios, y pensionistas que comenzaban ahora a disfrutar de su jubilación tras décadas trabajando y ahora se han convertido en el sustento de una familia. «A veces la gente enferma porque el medio le está siendo hostil», explica esta extremeña adaptada a la lluvia, «pensionistas que ya renuncian al programa de balnearios porque sus hijos y nietos han tenido que volver a sus casas», lamenta.
compostelanos en su rincón isabel redondo zambrano