La Voz culmina su sección sobre los pontevedreses en el extranjero
27 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Lo certifica el INE. Cada mes, dos mil jóvenes de entre 20 y 34 años dejan Galicia. En una decisión de este calibre, hay mucho de aventura, que diría la secretaria general de Inmigración y Emigración, Marina del Corral. Pero en este caso, forzada. Como todo, el manto de la crisis envuelve el dato. En los últimos cinco años, tres mil menores de 25 años incrementaron las listas del paro en la provincia, hasta alcanzar la nefasta cifra de 8.022 jóvenes. La tragedia está en que quienes deciden salir a probar fortuna fuera del país lo hacen por falta de oportunidades o porque las condiciones laborales ni de lejos pueden compararse con las que encuentran en el exterior.
La Voz puso hace un año el cuentakilómetros a cero para recorrer el mundo con las historias de muchos pontevedreses que han decidido y conseguido establecerse en el extranjero. Lo cierto es que desde estas páginas hemos dado varias vueltas al globo. De Pontevedra a...: Estados Unidos, Nicaragua, Brasil, Puerto Rico, Chile, México, China, Qatar, Dubai, Vietnam, Australia, Nueva Zelanda, y de vuelta en Europa, Suiza, Alemania, Dinamarca, Finlandia, Francia, Suecia, Holanda, Turquía... Y, por supuesto, Inglaterra, donde parece que se concentra el mayor número de emigrantes pontevedreses, de acuerdo a esta singular estadística.
Son una generación preparada, preferentemente con titulación universitaria, nada que ver con aquellos niños y jóvenes que apenas llegados a la adolescencia no dudaban en embarcarse a principios del siglo XX hacia un futuro mejor. El país ha invertido en su formación y que esta se valora tiene la prueba en muchos de los trabajos que desarrollan los protagonistas de la serie. Paula Virgós es un buen ejemplo. Esta licenciada en Traducción e Interpretación comenzó en Frankfurt (Alemania) como recepcionista de una empresa japonesa que produce y vende micromotores. Pasado el tiempo, accedió al puesto de jefa del grupo de asistentes de ventas. Y en el 2008 se convirtió en account manager de la firma, hasta que este año la fichó Bosch, uno de sus clientes hasta entonces.
Distintos perfiles
Pablo Giménez es químico en Poundbury, el pueblo más ecológico de Inglaterra, para una compañía holandesa que construye una planta de optimización de biogás. Carlos Guerra ejerce de ingeniero industrial en Holanda. Fran Lafuente trabaja para una multinacional americana en Doha (Qatar), que se dedica a la definición y gestión estratégica para empresas.
Pero el perfil no solo es técnico, sino también humanista. Carlos Viscasillas trabaja en el departamento de relaciones internacionales de una escuela de educación superior, y es el único extranjero en el pueblo lituano de Rietavas; Antonio Mosquera vive en la ciudad más feliz de Europa, la danesa Ringkøbing, donde trabaja en la administración local en temas de servicios sociales. La docencia es otro de los fuertes de nuestros emigrados, no solo a nivel de clases de español o de otras especialidades, sino incluso en campos como el deporte. En Vietnam, Adrián Paz es el preparador físico de la selección de fútbol sala,
Hay otras «aventuras» vitales, como la de Marús Rico, que recaló en Aspen después de un periplo por varios países, o Javier Varela, que a base de esfuerzo deportivo y académico disfruta de una beca para estudiar en la Marquette Universidad de Milwaukee, y es miembro del equipo de tenis de la institución. Andrea Estévez se zambulle de ilusión en Salvador de Bahía, donde busca su oportunidad en la Dirección y Administración de Empresas. Como ha dicho el profesor de la Universidad de Santiago Carlos Ferrás, «la fuga de jóvenes es espectacular, pero sigue sin haber conciencia colectiva de lo que va a suponer para el futuro de Galicia». Pronto será tarde.