Órganos que dan vida dos veces

Nieves D. Amil
Nieves D. Amil PONTEVEDRA/ LA VOZ

FIRMAS

María Isabel Pazos recibió un hígado hace tres años después de 15 años enferma.
María Isabel Pazos recibió un hígado hace tres años después de 15 años enferma. capotillo< / span>

El Chop bate su récord con la donación en el último año de nueve hígados, 12 riñones, 18 córneas y hasta 20 piezas entre huesos y tejidos

17 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

María Isabel recuerda con claridad el día en que su médica entró emocionada en la habitación del hospital para comunicarle que tenía un hígado para ella. Hace tres años que la familia de una joven del País Vasco le hacía un regalo de vida a esta pontevedresa de 53 años. «Me pongo en el lugar de la familia y reconozco que es muy duro», indica. Cada año son más los ciudadanos que donan sus órganos. La Oficina de Coordinación de Trasplantes del Chop gestionó en el 2012 las donaciones de once personas que fallecieron por muerte cerebral. «Los donantes reales son el 60 % de las muertes encefálicas», señala José Luis Martínez, intensivista del Chop, sobre un estudio realizado desde el 2005.

Detrás de este porcentaje se quedan hipotéticas donaciones que la familia deniega, órdenes judiciales, o pacientes cuyos órganos se paran antes de ingresar en el quirófano. A María Isabel no le ocurrió nada de eso. Tuvo dos hígados antes de recibir el definitivo. «Estaba con una bacteria y los dos que llegaron primero no me los pudieron implantar», explica. Después de un mes ingresada en el Chuac -donde le realizaron el trasplante-, el equipo médico la calificó como una urgencia cero. El primer hígado que apareciese en España era para ella. «No sé que me hubiera ocurrido si no aparece. No habría conocido a mi nieta de 13 meses», recuerda María Isabel. Los médicos aquí juegan un duro papel. Tienen que solicitar a la familia la opción de donar al mismo tiempo que comunican el fallecimiento. «Esto es una opción terapéutica para mucha gente, es algo voluntario, pero un acto de generosidad que al final reporta a los donantes un alivio, saben que una parte de su familiar vivirá en otra persona», explica Enrique Alemparte, intensivista de la oficina de coordinación del Chop. A veces, los familiares que denegaron la donación se arrepienten, pero «son momentos de mucha carga emocional». Entre los argumentos más repetidos están los motivos religiosos, no conocer la voluntad del fallecido y hasta miedo a que el cadáver quede desfigurado o el temor a que una muerte cerebral no implique estar completamente muerto (los órganos siguen funcionando por un período de tiempo). Las donaciones de fallecidos por dolencias vasculares cerebrales superan ya a las que llegaban por accidentes de tráfico.

Nueve hígados, doce riñones, 18 córneas, además de dos donantes jóvenes que generaron hasta 20 piezas de huesos y tejidos es el resultado de un prolífero 2012. Lo habitual es que el Chop sea generador de cuatro o cinco donaciones multiorgánicas al año. El tiempo juega un papel clave en este difícil proceso que arranca cuando los médicos firman la muerte cerebral de un posible donante. «Cuando yo estaba en el quirófano, mi familia vio como entraba la nevera con mi hígado», señala Pazos Piñeiro. Desde que se extrae ese órgano hasta que lo implantan no deben pasar más de ocho horas. El corazón y los pulmones reducen el tiempo de espera a las seis horas, mientras que los riñones duplican el espacio de tiempo entre el donante y el receptor. Los órganos empiezan a fallar a partir de las 24 y 36 horas. Un equipo de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) se pone en marcha. Son los encargados de realizar el implante los que vienen a recoger el órgano.

«Lo primero que recuerdo después de la operación fue verme las manos. Antes estaba amarilla. La recuperación fue muy dura y el apoyo de tu familia es muy importante», señala María Isabel, que antes de entrar en el quirófano llevaba 15 años enferma. Sufría una hepatitis antiinmune. «Ahora estoy perfecta, pero eso no quita que pueda volver algún día», aclara esta pontevedresa. Cada seis meses acude a revisión a A Coruña y mantiene su tratamiento contra el rechazo. Solo tiene palabras de agradecimiento. En su lista recuerda sin parar a las doctoras Otero y Vázquez, a los doctores Suárez, Astray y Carpio, aunque espera no volver a verlos con su bata blanca.

«Tenía una bacteria y los dos primeros hígados que llegaron no me los pudieron implantar»

María Isabel Pazos

El hospital gestionó los órganos de once donantes en el último año

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Donantes en el 2012