«Aquí no hay plagas graves»

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

FIRMAS

Álvaro Ballesteros

Señala que Santiago es una ciudad que no envejece por los estudiantes

07 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Nacer en el sanatorio de la Esperanza y residir en el Preguntoiro no pueden pregonarlo muchos. La raza de los picheleiros puros y netos no es muy extensa. Alberto residió en esa rúa hasta los 16 años, y luego se trasladó a la Enseñanza. En la plazuela de la Pescadería Vella y Cervantes aún resuenan los ecos de sus juegos, y en el Preguntoiro los sustos de los viandantes al ver llegar a cincuenta por hora, calle abajo, una bicicleta montada por el intrépido Alberto. En Cervantes existía una parada de taxis y allí el chico acarició durante un tiempo con su mirada un par de relucientes dodge darts.

La disciplina de La Salle acompasada con el solfeo y la guitarra en la Sociedade Económica de Amigos del País forjaron la adolescencia de un niño que no fue travieso de pequeño y empezó a serlo de mayor.

Un día le regalaron un Cheminova, un juego que utilizaba productos químicos para hacer experimentos. Fue el primer paso para jugar con ellos, pero ya como un mayor, en la Facultad de Química, un edificio que le pareció «bastante triste». El golpe de estado del 23-F le pilló en una clase en la que el profesor había pintado la fórmula de la nitroglicerina en el encerado. La borró enseguida, para no parecer un sospechoso.

Ya en escena laboral, tras pasar por una multinacional farmacéutica y una firma de control de plagas, encontró su propio camino. Montó con otro socio AGM para controlar plagas, y el primer sitio en donde lo hizo por su cuenta fue en el viejo Banco de Simeón por encargo universitario. En el centro histórico hay mucha madera. «El casco viejo ha mejorado mucho a raíz de las rehabilitaciones hechas o en marcha», señala.

La eliminación de termitas o carcomas es una tarea que no se extingue para siempre: «No es algo que termines y digas adiós muy buenas. Se trata de controlar, además de eliminar». Es notorio que hay un desconocimiento entre la gente en esta materia «y a lo mejor desconoce también que existen empresas de control de plagas», apostilla.

La silla desplazada

Ayudándose de un encerado, como un docente, Alberto muestra el proceso de las termitas y las carcomas. El redactor saca la conclusión de que las primeras proceden del subterráneo, suben por sus galerías y huyen de la luz. Por eso no las vemos. Y las carcomas se adueñan de los muebles. Si a uno se le ocurre cambiar una silla infectada de una sala al comedor, tendrá una sala y un comedor carcomidos. Los xilófagos no dan tregua.

¿Y Santiago como anda de plagas? «Es una ciudad limpia, bien cuidada y no tiene focos alarmantes». Siguen circulando las ratas por determinados ámbitos, porque difícilmente llegan a extinguirse, «pero no hay más que en otras ciudades».

Junto a otros empresarios, Alberto impulsó la Asociación Galega de Empresas de Control de Pragas (Agacpra), de la que es vicepresidente y que reúne a buena parte de las firmas del sector. Su misión es unir criterios en cuestiones que afectan al gremio y potenciarlo.

¿La crisis? Claro que afecta. La gente llama menos y los procesos preventivos a veces cambian de plazo: «Si a una empresa le ibas a hacer un mantenimiento mensual, ahora es trimestral». Alberto no ve soluciones a corto plazo a este escenario crítico.

compostelanos en su rincón alberto fernández güimil