Más de un 30 por ciento de la pesca y el marisqueo en aguas viguesas se captura o comercializa de manera ilegal
06 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La cabalgata de Reyes, ya ven, aprovechando el año internacional en la esfera del agua, tenía como motivo el mar y sus habitantes. La idea es bonita, aunque en el Concello no revisaron los fundamentos de la declaración, y no vieron que hace referencia específicamente al agua dulce, no a los océanos, y que el elemento central del mismo es la cooperación al desarrollo, asunto al que Vigo destina menos de la mitad de lo que gasta en el alumbrado navideño. En cualquier caso la pifia en la justificación del tema de la cabalgata ya es un clásico, este año conceptual y en la cabalgata anterior se equivocaron de año internacional de los bosques.
Pero como la idea no deja de ser buena, nos permite una excusa para buscar a otros protagonistas de nuestra ría, que no tenían carroza, pero deberían. Concretamente quienes la están esquilmando día a día.
Navegar por la ría un domingo nos ofrece sorpresas, como ver una botella flotando a la deriva. El descubrimiento no es gran cosa, pero puede que nos llame la atención su inmovilidad, y nos decidamos a tirar de la cuerda que la sujeta? y nos aparezca una nasa, o una docena de ellas. Una nasa en domingo es un arte de pesca ilegal. El primer eslabón de una larga cadena que conduce al expolio de nuestros recursos pesqueros.
Una larga lista
Como esa embarcación tradicional, de engañoso nombre pues nos recuerda a una pequeña barquita de remos, pero tiene treinta metros de eslora y la más avanzada tecnología electrónica para detectar bancos de peces y sistemas automatizados para largar y recoger aparejos, que haciendo un último lance, con las bodegas llenas de caballa, encuentra un banco de lubina y tira por la borda una tonelada de pescado para subir el de mejor precio de mercado. Junto a esa tradición de más de un siglo utilizando dinamita para pescar sardina, cuyas detonaciones sordas se escuchan a veces desde tierra y desembarcan luego los peces con los globos oculares sospechosamente reventados por la deflagración.
No olvidemos al grupo de percebeiros que muchas mañanas, temprano, podemos ver, por ejemplo en cabo Silleiro, rascando las piedras a la vista de todo el mundo que comenta, con razón, lo dura que es su actividad, lo malo es que muchos de ellos son ilegales.
El grupo de mariscadores furtivos es con diferencia el más numeroso. Su actividad ilegal no es delito, sino falta administrativa, por lo que tras la declaración pertinente de insolvencia regresan a la faena ante la comprensible indignación, e impotencia, del colectivo que se dedica legalmente al marisqueo.
Otro personaje es el simpático submarinista deportivo, que regresa a tierra a media mañana feliz tras sus inmersiones y con sus dos choupitas recién arponeadas en su cesta, de forma absolutamente legal, pero que esa misma noche regresa a retirar la saca que dejó fondeada lejos de la vista en la que hay una docena de kilos de ilegalidades variadas, compañero de aventuras del veterano que tiene una barquita, solo para divertirse y tirar unas cucharillas, y regresa a puerto con treinta kilos de pulpo, chocos y calamares.
Una carroza también para el encantador hostelero, que en plena temporada de veda nos ofrece como primer plato una deliciosa centolla de la ría, con la que o bien nos está timando o sencillamente nos confiesa un delito, con una sonrisa encantadora y un precio monumental, el mismo delito del que nos hacemos cómplices en el momento de hacer la digestión y sacar la tarjeta de crédito.
O cuando consumimos esas nécoras entre las que alguna nos puede sorprender con un leve aroma algo extraño, como a lejía, indicador de que se trataba de un ejemplar a punto de desovar. Sin olvidar al pescadero de confianza, ese que nos saca del estante de debajo los alevines y otros manjares de los que tendríamos que poner varios ejemplares en fila para que alcanzasen la talla mínima.
CHEQUEO AL MEDIO AMBIENTE LOS ESQUILMADORES DE LA BAHÍA