S e apuntaron 17, pero ayer por la tarde, en la primera de las cuatro jornadas de tres horas cada una en las que se reparte el curso de autoprotección contra la violencia machista, eran 12 las participantes que seguían las explicaciones de José Rosales. El policía nacional en la comisaría de Pontevedra ejerce, en este caso, como instructor de un animoso grupo de mujeres, la mayoría jóvenes, que en algunos casos ya han sido víctimas de malos tratos y en otros quieren estar prevenidas.
«Tranquilidad», «calma», «mira», «desplázate a un lado»... Las palabras del agente y sus enseñanzas tenían poco que ver con repartir mamporros ni nada que se le parezca, porque ese no es el espíritu del curso, sino todo lo contrario. «No se trata de enfrentarse, lo que se busca es contener al agresión, con la voz, con los manos o con lo que sea y buscar una salida», explica Rosales, que dirige a sus alumnas con instrucciones claras, como un mando militar, pero en un clima relajado y distendido que, a juzgar por las caras de las participantes, les permite sentirse cómodas e incluso bromear acerca de sus equivocaciones.
«Además de las técnicas, esto tiene una parte teórica que sirve para darles más autoconfianza y para que conozcan las fases y las formas de maltrato, de tal modo que puedan intuir lo que piensa su agresor y como lo hace. La Administración pone barreras a esto y se trata de que ellas pongan también las suyas propias», cuenta el profesor, que participará en este curso de la mano del Sindicato Unificado de Policía (SUP), la Secretaría Xeral de Igualdade y el Centro de Información á Muller de Cee, que dirige Concha Millán, hasta el próximo día 25.
Para completar la formación y que estas mujeres puedan moverse en sus entornos -alguno verdaderamente problemático- con mayor seguridad recibirán también una pequeña charla sobre legislación, en la que les explicarán, sobre todo, cuestiones relacionadas con la legítima defensa y la proporcionalidad que lleva implícita en el terreno del Derecho.
El objetivo último, tal como cuenta Rosales y parecen asimilar sus alumnas, es que se sientan lo menos vulnerables posible frente a sus agresores, hipotéticos o tristemente reales, de tal modo que puedan ganar en independencia y caminar hacia la erradicación de esta lacra, que tanto sufrimiento silencioso provoca a muchas mujeres de la Costa da Morte.