La Antártida sabe a Sanxenxo

Roi Fontoira SANXENXO / LA VOZ

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El cocinero, Miguel Ángel Montes, junto a la alcaldesa de Sanxenxo, ayer en la presentación.
El cocinero, Miguel Ángel Montes, junto a la alcaldesa de Sanxenxo, ayer en la presentación. r. f. < / span>

Un cocinero de Portonovo se embarca en una expedición del CSIC

13 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Qué vínculo puede haber entre Sanxenxo y un punto tan inhóspito como la Antártida? Claro está: La gastronomía, que para algo es -junto a la naturaleza- el atractivo más internacional de las Rías Baixas; una zona que además de exportar productos, exporta cocineros.

Este es el caso de Miguel Ángel Montes, un portonovés con residencia en Poio que marida con inusual desparpajo el arte culinario y el aventurero. Hoy se embarca en una expedición de la Unidad de Tecnología Marítima del CSIC que le llevará hasta la Antártida, donde les espera «una base nueva, en la que hará menos frío», apunta satisfecho.

Montes, que ya conoce -y por duplicado- las inclemencias climáticas del polo, aprovechará el viaje para izar la bandera del Concello de Sanxenxo, que ondeará en mitad de uno de los parajes «más impresionantes» que se conocen.

Este año, la expedición se reduce de 6 a 3 meses -«la crisis también se nota»- pero eso no evita que el grupo pase las fiestas navideñas lejos de sus domicilios. Y para el cocinero, esta es la parte más dura de la experiencia: «Los otros años salíamos en octubre y es diferente, porque irte ahora, sabiendo que en dos semanas es Navidad...». No obstante, los paladares de los 14 científicos que forman el equipo estarán bien atendidos, como manda la tradición en fechas tan señaladas: «No va a faltar de nada, llevamos langosta, vieira, bogavante, vino... Y todo de origen gallego», señala Montes, convencido de su buen hacer con los productos de la tierra.

En este sentido, la bodega meañesa Paco & Lola también pone su grano de arena, ya que este año ha decidido apoyar la colonización culinaria que protagoniza Miguel Ángel, convirtiéndose en uno de sus patrocinadores.

Con gafas y bermudas

Uno de los elementos que nunca falta en la maleta de este portonovés son las gafas de sol: «Lo que más sufre en la Antártida es la vista, porque es todo tan blanco que hasta para trabajar necesito las gafas», confiesa Montes, que a pesar de las gélidas temperaturas del exterior, suele pasearse por la base «en bermudas».

El equipo tiene que convivir durante toda la temporada en un espacio reducido, así que la camaradería acaba siendo la mejor fórmula para mantener el orden: «Nunca vi un mal rollo, todo lo contrario. De hecho, en carnavales te disfrazas con lo que pillas por ahí, y las Navidades las celebramos con los investigadores búlgaros, que ocupan la base más cercana», detalla.

una singular travesía