Un puente sin río

Alicia Fernández

FIRMAS

Si algo se ha constatado en este largo puente de principios de diciembre es que la mayoría de los ciudadanos ya no dan más de sí. Han agotado sus reservas, incluso las de los padres con pensión. Y que aquellos que todavía tienen unas gotas de gasolina en su depósito disponen de ellas con precisión de neurocirujano. Los datos de ocupación hotelera -en torno al 30%- han conformado un mal resultado, pero todavía son peor un presagio para el futuro. Que le hayan metido la mano en la cartera a cuatro millones y medio de funcionarios, de forma tan subjetiva como grosera, no ha ayudado mucho. Solo había que salir a la calle estos días para darse cuenta de que faltaba mucha gente y que, sin ir más lejos, en el puente de noviembre hubo más animación.

Esto último también viene a corroborar el aumento del pesimismo entre los ciudadanos. Una sensación de derrota ante la difícil situación que atravesamos, incrementada de forma exponencial por un Gobierno que miente cada vez que abre la boca. Unos ministros que durante todo el día hacen giros lingüísticos y tiran de eufemismo en un burdo intento de ocultar su impotencia y volvernos imbéciles. De una oposición que no está ni se la espera, más ocupada en sus liortas internas y su escandaloso despiste ideológico.

Porque todos ellos, no lo duden, durante los últimos años, han dedicado tanto tiempo a mantener su «rentable negocio», poniendo tanto celo en que nadie entrase en sus respectivos piornos, que a día de hoy no tienen ni puñetera idea de lo que se cuece en esta España desangrada y exhausta.

Pero hay más: nos desayunamos todos los días con noticias que hielan las venas democráticas. A los continuos casos de pillaje, piratería y saqueo -en todos los ámbitos- se suman aquellos en los que directamente se cargan nuestra fe en la justicia e igualdad.

El último escándalo lo ha constituido el impresentable indulto del Gobierno, por dos ocasiones, a unos policías catalanes que agredieron salvajemente, con alevosía, premeditación y en clara superioridad a una persona; que a mayores era inocente. Mientras, se lo han negado a un gallego que hace años fue pillado pasando una cantidad ínfima de droga, y que hoy estaba totalmente reinsertado en la sociedad. Tanto PP como PSOE han abusado del indulto, una figura tan decimonónica como discrecional, que al fin y a la postre viene a enmendar la plana a los jueces en una clara injerencia del Ejecutivo en la Administración de Justicia.

Tampoco nos han sido favorables los datos del paro del mes de noviembre, un dato esperado pero muy alarmante. Una comarca que había resistido bastante mejor que otras ve como cambia su orientación. Por eso, aunque nos anuncien a bombo y platillo la recuperación para la segunda mitad del 2013? ¡quién se fía de de esta tropa! En todo caso, una cosa es la recuperación económica y otra bien distinta la de la credibilidad e imagen de todas las instituciones del país. Eso o se resuelve a largo plazo o mediante una purga revolucionaria.