«La labor política se ha aburguesado»

Rocío Pita Parada
Rocío Pita Parada FERROL / LA VOZ

FIRMAS

BENITO ORDOÑEZ

Aboga por reformar la Constitución y por que los partidos estrechen el contacto con la calle

09 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Con 33 años, Nona Inés Vilariño Salgado (Ferrol, 1944) fue diputada por Unión de Centro Democrático (UCD). Una de aquellas 27 mujeres que estrenaron el Congreso y el Senado. Desbordaba entonces pasión y aún lo hace ahora, al recordar una época que, vaticina, no volverá. Habla sin tapujos de lo que fue y de lo que es. También acerca de la Constitución, a la que vio nacer y dar sus primeros pasos: «Es hora de reformarla».

-¿Cómo era ser diputada entonces y en qué ha cambiado?

-La labor política se ha separado mucho del ciudadano. Me da la impresión de que se lo ponen tan fácil a los diputados que se han olvidado de que por muy encerrado que estés en tu despacho hay algo indispensable para que un político realice su labor: estar a pie de pueblo, pegado a él, escuchándolo de viva voz. Se ha aburguesado muchísimo, en el peor sentido de la palabra, la labor de los políticos. Pero la vida democrática, aunque haya perdido aquella frescura inicial, se ha ido enriqueciendo en el sentido de que se ha consolidado la democracia: nadie piensa que pueda estar en peligro el sistema.

-Y tal y como está ahora la política, ¿volvería a ser diputada de nuevo?

-Creo que no soy capaz de situarme con veinte años menos en el umbral de volver a ser diputada, porque yo he vivido una época tan maravillosamente apasionante, de tantos retos, que probablemente me sucedería lo que me dijo Landelino Lavilla cuando me marché: «Esto no va a ser nunca más lo que fue». Me daría un poco de miedo. Solo hay una cosa que sí me hubiera gustado ser: diputada autonómica.

-¿Ha caducado la Constitución?

-Para nada. Sigue vigente, lo que ocurre es que yo no la sacralizo: es hora de reformarla.

-¿En qué aspectos?

-No es el momento de iniciar la reforma de la sucesión a la jefatura del Estado, porque si se abre ese melón esto se convertiría en un referéndum de monarquía sí, monarquía no. Pero hay que hacer otras reformas, en el apartado de la justicia y cambiar el sistema electoral. Y también, el título octavo. Yo no pienso que haya que recentralizar: hay que permitir la devolución de algunas competencias al Estado que se ve que no han funcionado, y fijar de manera clara y contundente un sistema de coordinación y corresponsabilidad. Hay formas de cambiar el sistema de financiación y cosas que son urgentes.

-¿Cómo ha sido el reencuentro con las otras constituyentes?

-Algunas hace más de treinta años que no nos veíamos. Todas nos hemos reconocido afectivamente. No soy amiga de todas ellas, pero había una solidaridad entre nosotras. Y creo que esa simpatía, ese feeling, ha renacido un poco. En aquellos momentos éramos capaces de superar las diferencias ideológicas, ¡que mira que eran grandes! ¿eh?, y caminar en la misma dirección de que se desarrollase el artículo que proclama la igualdad. Hay una tarea ingente que hacer para remover los obstáculos que están impidiendo una igualdad efectiva entre hombres y mujeres y también entre vivir en un territorio o en otro. Y eso es algo que tenemos que corregir como sea.

-¿Vivió situaciones de desigualdad por ser mujer?

-Hay que ser honesto en este tema. Yo no solo no me he sentido víctima sino que a veces pienso que ha sido una ventaja: fuimos tan pocas las mujeres que pudimos acceder a aquellas primeras Cortes... Pero en conjunto las mujeres éramos ninguneadas totalmente. La mayor discriminación fue que no estaban dispuestos a contar con ninguna mujer para los sitios en los que se tomaban las decisiones.

-¿Cuál fue el día más decisivo de su vida política?

-El que me marcó realmente fue cuando votamos la amnistía. A mí se me saltaron las lágrimas. Yo no he vivido la guerra, pero sí la posguerra. Había un clima de reconciliación que a mí me hizo pensar que era posible cambiar a España. Fue el día más emocionante de mi vida.

-¿Se arrepiente de algo?

-No. Hice lo que pude, lo que supe, con toda la fuerza de la pasión que sentía. Pero tomé una decisión equivocada: haber concurrido a las elecciones municipales en las listas del PSOE, aunque como independiente. Eso me ha marcado por lo injustamente que fui tratada. Fue la decisión más torpe de mi vida política.

-De diputada a diputada: dele un consejo a Paloma Rodríguez, la segunda ferrolana en el Congreso.

-La pasión por la política, no por el poder, es enriquecedora. Y la pasión exige mucha generosidad, porque casi nunca la política tiene la recompensa que algunos esperan de ella. Por desgracia, ahora tiene algunas recompensas en forma de privilegios, que habría que ir eliminando. Si se hace así, se devolverá ese crédito perdido. Todos tenemos la responsabilidad de hacerlo. A mí lo que más me enriqueció fue mi deseo de aprender, de todos aprendía. Quien escucha, aprende muchísimo.