Aquella batida del último lobo

Marcos Gago Otero
marcos gago MARÍN / LA VOZ

FIRMAS

DIEGO MUÑOZ

La cacería final reunió a cientos de vecinos de Marín y Moaña en 1958

28 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Han pasado más de cincuenta años desde que el aullido del lobo se extinguió en la comarca de O Morrazo. La última vez que los vecinos de San Tomé, en la zona más elevada de Marín, dan fe de la presencia de este animal fue el verano de 1958 con ocasión de una cacería en la que participaron cientos de personas de esta parroquia y de las de Ardán y Moaña.

Con quince años en aquella época, Agustín Pazos, vecino de O Igrexario, recuerda perfectamente los acontecimientos de una jornada que se vivió como un día de excursión. El día elegido fue un domingo y eso aumentó la participación vecinal.

Armados con sus escopetas los cazadores y provistos de palos, azadas y hoces los demás, los vecinos de todas las edades peinaron el bosque formando un gran círculo que se hizo más pequeño cada vez según subían por la ladera. «Eu levaba unha caracola á modo de corneta para facer ruído no monte», señala este comunero de San Tomé que, curiosamente, nunca vio al lobo libre en el Gagán. «Sabíamos que estaba alí porque mataba animais no monte, cabalos e poldros que comía», precisó.

La búsqueda del escurridizo cánido se hizo a conciencia. «Íamos polo medio do monte, palmo a palmo, cada un pola súa zona e levando para riba os animais ata que se chegou á Cruz da Maceira», explicó Pazos. Ese punto, donde se juntan Marín y Moaña, fue el lugar fatal para el último lobo morracense. Pazos no vio cómo abatían el lobo, cuando llegó a la cumbre del monte, cerca de la una de la tarde, ya lo habían capturado.

Pazos no sabe quién llevó al animal abatido, pero es probable que fuese exhibido en el capó de los coches como trofeo por las aldeas de la comarca. Así lo recuerdan vecinos de Seixo en otras ocasiones cuando saludaban como héroes a los cazadores del animal más temido. La toponimia de Fixón, A Lobeira y Salobeiro, todos en San Tomé, son el último rastro de la población lobuna autóctona de O Morrazo.