Tiene tres títulos, prepara otro y lleva trabajando desde los 17 años
12 nov 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Desde niña tuvo claro que quería ser profesora pero todavía no ha tenido ocasión de trabajar como tal. Ahora mismo está parada, aunque esa palabra, cuando se trata de Araceli González, es siempre relativa. Comenzó a trabajar a los 17 años y ha pasado por una amplia variedad de empleos, desde ordenanza a camarera. En su currículo, además del de Magisterio hay varios títulos profesionales y una relación interminable de diplomas de cursos de todo tipo, desde los organizados por la EGAP (Escola de Administración Pública), hasta el de la Escuela Oficial de Idiomas. Eso sin contar los talleres de actividades de lo más variado. En estos momentos, mientras busca otra oportunidad laboral, estudia Psicopedagogía en la universidad y paralelamente imparte cursos de manualidades
-¿Se definiría como una persona inquieta?
-Lo soy, y seguro que si en mi época se llevasen esas cosas me hubieran diagnosticado como hiperactiva. No puedo estar sólo en una cosa. Es cómo cuando te preguntan por un color favorito o una comida favorita. Me cuesta optar por uno, porque me gustan varios, y la vida es lo mismo. No creo que haya que ceñirse a una cosa ni limitarse a un camino. No entiendo mucho a la gente que dice yo quiero ser esto o nada; porque hay un montón de cosas interesantes para probar y aprender.
-¿Cree que es la filosofía habitual en ourensanos de su edad?
-Bueno, aquí tenemos un concepto de lo que tiene que ser la vida o el éxito muy especial. Aquí está bien visto que el trabajo tiene que ser para siempre y se ve como algo bueno cuarenta años en una empresa mientras que si cambias mucho el pensamiento es que algo raro pasa contigo. En otros países es distinto. Se valora precisamente que cambies mucho de trabajo. Aquí mamamos que la normalidad es estudiar la carrera, tener un trabajo estable, casarse, tener una casa en propiedad... Al final, como con la casa, que no es tuya sino del banco, te hipotecas, limitas tu vida.
-¿Condiciona a su generación?
-En buena medida. Somos una generación con padres que han querido dárnoslo todo, y a nivel educativo eso es un error.
-¿Por qué?
-Porque te mete en una dinámica en la que te acomodas y piensas que las cosas solo pueden ser de una manera. Se huye del riesgo. En mi opinión, ahora mismo aquí no estamos solo marcados por la situación económica sino por esa forma de entender la vida. Si no logramos el trabajo en lo que queremos o hemos estudiado, o si no tenemos piso y coche en propiedad, nos frustramos. El problema es que en la generación posterior todavía será peor.
-¿Porque está peor educada?
-Peor formada para la vida. Lo vemos a diario. A los niños, por ejemplo, se les va a recoger todos los días a la escuela. En mi época cuando venía mi padre a recogerme era como una fiesta. ¿Qué llueve y se mojan? Los niños que se mojan no encogen. Es un detalle casi tonto, pero bastante gráfico de esa sobreprotección que influye en el futuro porque no permite el desarrollo de ciertas capacidades como la autonomía y aprender a ser autosuficientes.
-¿No entiende entonces la frustración de la juventud?
-La situación está fastidiada y se entiende la desesperación, pero también creo que la inmovilidad de esquemas la empeora.
Nació en 1980. Es Licenciada en Magisterio Infantil, Técnico Superior en Administración y Finanzas, titulada del ciclo superior de Comercio y Monitor de Tiempo Libre.
Es una devoradora de libros y llega a perder noches enteras de sueño si la historia le engancha. Desde bolillos a grabado en vidrio, las manualidades, de todo tipo, son otra de sus debilidades.