Los datos del paro en la comarca están marcando una mejoría con respecto a la situación general de Galicia y España. La crisis está haciendo daño en Barbanza pero sin llegar a los niveles de otras zonas todavía más abatidas. Detrás de ese resultado está un sector de la pesca y la acuicultura que, a pesar de infrautilizar las posibilidades, aporta riqueza, una potente industria conservera y transformadora de sus productos o la necesaria auxiliar, un comercio que con iniciativa ha minorado el impacto de la menor actividad económica y un buen puñado de emprendedores que en diversos sectores (turismo, industria, servicios?) sobreviven a base de mucho esfuerzo. La coyuntura económica no es favorable, las trabas administrativas son muchas y las dificultades de financiación asfixiantes. Pero aún así, a base de horas de dedicación, de ahorrar en todo y de bajar la calidad de vida, muchas empresas y autónomos resisten.
¡Cuánto echamos de menos en esta situación que el marisqueo no tenga un desarrollo acorde a su potencial natural! Aún así lo daríamos por bueno si ahora se hiciese una profunda reflexión que valiese para poner remedio a tan lamentable despilfarro: miles de puestos de trabajo y cientos de millones de euros perdidos. No es fácil poner remedio a una mala gestión de más cuatro décadas, más si no hay políticos valientes ni profesionales dispuestos a asumir cambios.
En la pesca más de lo mismo: mala gestión de artes y esfuerzo extractivo, más depredadores que pescadores y la comercialización se ve dañada por la competencia desleal. La actividad sumergida paralela ni mucho menos se limita al furtivismo, son los propios profesionales los que ponen a la venta una parte importante de sus capturas de esa forma.
El lunes pasado me di una vuelta por la lonja rianxeira ante el inicio de una nueva campaña de bou de vara. Los alrededores de la rula eran un hervidero de transacciones «opacas» y el interior de la rula se parecía más a una romería que a un centro de venta profesional. Es imposible mejorar sin cambiar. Tiene que haber más responsabilidad por parte de los profesionales y mayor control por parte de las autoridades competentes. ¿Con qué datos se exigen después instalaciones portuarias, diques o pantalanes?.
Por último quisiera hacerles llegar una impresión personal. En los últimos días he tenido que visitar tres casas consistoriales y me ha parecido que hay una evidente menor actividad que hace unos años. En un solo caso me tropecé con una concejala. Tampoco se les ve mucho por los medios de comunicación, supongo que por idéntico motivo. Pero esa situación no les impide cobrar puntualmente tanto o más que cuando había mayor trabajo.
Asimismo, decirles a los señores alcaldes que tanto alardean de renunciar a su paga extra de Navidad o donarla a algún fin benéfico que apreciaríamos mucho más una reducción continuada de sus emolumentos, dedicaciones de concejales u otras prebendas. Porque los ciudadanos tienen claro que la crisis todavía no afectó a la actividad política.