Diana Piñeiro cambia de registro. Tras cuatro años al frente de una generación de jugadoras de las que ahora cuida Rubén Domínguez, la entrenadora vilagarciana tiene ante sí un nuevo reto: conseguir que el Martis Cortegada se mantenga en la máxima categoría del baloncesto gallego. La tarea no va a ser sencilla principalmente por la escasez de efectivos. Por estas circunstancias curiosas que a veces suceden en el mundo del deporte resulta que el club arousano apenas cuenta con jugadoras en este tramo de edad. En concreto, Diana solamente tiene a ocho baloncestistas a su disposición y, para colmo de males, una de ellas está lesionada.
Las infantiles
Así las cosas, la colaboración del conjunto infantil es imprescindible. Varias baloncestistas son asiduas a los entrenamientos del Martis Cortegada. En esta lista figuran Nuria Chorén, Raquel Mera, Laura Vázquez, Sara González, Claudia Garrigós, Alba Gómez, Anabel Díaz y Lorena Castro.
«A veces se producen estos problemas», afirma Diana Piñeiro acerca de la escasez de efectivos del equipo. De todas formas, la relación de baloncestistas aumentará -o al menos eso esperan en el club- cuando aterricen en Vilagarcía las dos jugadoras africanas cuya llegada está prevista para el mes de octubre. «Ni lo pienso ahora. Pensaré en ellas cuando las vea aquí con un balón en la mano y en la pista de juego», afirma Piñeiro.
La categoría cadete es una de las más complicadas de llevar para cualquier entrenador. «Las chicas empiezan a tener otras preferencias. No solo está ahora el baloncesto, hay más opciones de ocio», explica Diana. Piñeiro apunta también otra clave: la competitividad. En la categoría infantil, y por supuesto en las anteriores, los minutos de juego están siempre asegurados por reglamento. Ahora hay que ganarse la presencia en la pista en los entrenamientos. Llega el momento «chupar banquillo», que no muchas chicas están dispuestas a aguantar. A pesar de eso, la entrenadora sostiene que en un conjunto femenino toda esa complicada fase de cambios en los roles del equipo es más fácil de llevar porque son «más disciplinadas y más ordenadas», que los chicos.
En cadetes los minutos de juego ya no están asegurados, hay que ganárselos