«He venido a servir y aliviar»

Fernando Molezún A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

EDUARDO PEREZ

Llega a A Coruña tras 15 años en Santa María la Mayor de Pontevedra

24 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El pasado fin de semana Jaime Vaamonde tomó posesión como párroco de la Ciudad Vieja y lo hizo con un sentimiento agridulce. Porque este hombre accesible, inquieto y de amplísima cultura vuelve en cierto modo a casa, pero deja atrás media vida de dedicación en la provincia de Pontevedra. Se muestra encantado e incluso abrumado en las puertas del templo de Santiago: «Es una zona maravillosa que todavía tengo que seguir descubriendo», dice ilusionado sobre su nuevo destino.

-¿Le ha costado dejar la que fue su parroquia durante 15 años?

-Mucho, porque he amado intensamente la parroquia de Santa María la Mayor de Pontevedra y a sus feligreses. De todos modos es un sentimiento complejo, porque por un lado tengo la satisfacción de contar con esa etapa vivida; pero por otro mucha pena, al dejar todas las relaciones, las personas, las preocupaciones... Porque uno termina amando hasta lo que le hace sufrir, por la convivencia, por la responsabilidad. Porque en Pontevedra he vivido muy a gusto y de un modo muy intenso, y cuesta despegarse de eso. Y también tengo cierta incertidumbre al empezar esta nueva etapa que está también cargada de nuevos alicientes.

-En Pontevedra le recuerdan como un párroco muy activo a nivel social y cultural.

-En los quince años que estuve allí intenté transmitir lo que es la sensibilidad y las tareas específicas de los cristianos en esta sociedad y más concretamente en la parroquia. Los cristianos necesitamos despertarnos, darnos cuenta de dónde estamos y asumir cada cual sus obligaciones. De ahí que, por supuesto, haya celebraciones en el templo, pero también actividades de tipo social, cultural, formativo y festivas que ayuden a la convivencia.

-¿Con qué ánimos ha llegado a A Coruña?

-No he venido con ningún tipo de pretensión especial. Simplemente he venido a servir, a acompañar, animar, aliviar y vivir en solidaridad tanto las preocupaciones como las alegrías de los feligreses. Nada más ser nombrado párroco me he dirigido a todos los feligreses manifestándoles mi disponibilidad y mi servicio. Soy un servidor. Y a lo que he venido es a suceder a Don Manuel, el párroco emérito que durante tantos años ha realizado una labor pastoral tan importante.

-Uno de los motivos que le han traído hasta aquí es acercarse a casa, porque usted es natural de Cesuras. ¿Qué le parece la fusión municipal con Oza dos Ríos?

-Nací en Santa María de Cutián de Cesuras, y mi abuela materna era de Mandaio, una parroquia situada entre Cesuras y Oza dos Ríos. Pero no llevo conmigo ideologías convincentes e impositivas, sino únicamente mi servicio a la Iglesia. Así que estoy de acuerdo con lo que decida la mayoría, dado que estamos en un sistema democrático.

-¿Conocía previamente A Coruña? ¿Cómo ve la ciudad?

-Creo que detrás de los primeros planos de la vida social y cultural, hay una extendida piedad mariana. Vamos a celebrar en breve la patrona de la ciudad. Y precisamente esta tradición representa uno de los testimonios de esa devoción de los coruñeses a la Virgen María, una de las tradiciones más antiguas y arraigadas, tal y como lo demuestran la Colegiata de Santa María del Campo o las bellas imágenes de la antigua iglesia parroquial de Santiago, que son testimonio histórico de la fe y la vida cristiana de A Coruña.

-Aún siendo un recién llegado cuenta con amigos en la ciudad.

-Afortunadamente. Ya en la celebración de mi entrada y toma de posesión, presidida por el arzobispo Julián Barrio pude saludar a todos los presentes, a los sacerdotes que me acompañaban, a muchos amigos y a antiguos feligreses venidos desde Pontevedra, destacando la familia del concejal coruñés de Servicios Sociales, Miguel Lorenzo, cuya madre siempre ha colaborado de modo intenso con la parroquia.

jaime vaamonde párroco de santa maría y santiago