Robos de vallas, falta de reposiciones y cortes vandálicos jalonan el vial
06 sep 2012 . Actualizado a las 06:00 h.El incremento del tráfico en la variante de Marín desde el pasado agosto -la Xunta lo estimó en más de 7.000 vehículos diarios en la primera quincena- no se ha visto acompañado por mejoras en el mantenimiento de la carretera, donde la velocidad está limitada a 120 kilómetros hora. El resultado es que los usuarios detectan con frecuencia la aparición de animales en la calzada, que pueden causar un accidente en cualquier momento.
No solo existe el riesgo de la entrada de animales por los accesos de la carretera, como el pasado martes cuando los conductores lograron desviar de la entrada de San Xulián a un grupo de seis caballos que regresaron al monte. También están los animales, sobre todo perros, que entran por los numerosos fallos en los cierres a ambos lados, donde se detectan un gran número de deficiencias.
Los fallos van desde pequeños agujeros en la base, lo que permite la entrada de perros, hasta la falta completa de este cierre por aparente robo del entramado. En una inspección realizada ayer por La Voz acompañados por Protección Civil de Marín, se pudieron encontrar al menos siete puntos donde el cierre o no existía o era inútil para impedir el paso de animales.
Uno de los voluntarios de Protección Civil explicó que esta agrupación recorre los caminos de servicio de la variante al menos una vez por semana, preferentemente los sábados, y que es habitual encontrar tramos robados. Ayer mismo era evidente un corte fresco en el cierre en uno de los laterales cerca del paso elevado que conduce al lago de Castiñeiras desde San Xulián. La valla cortada era claramente acción de la mano del hombre: ni perros ni caballos cortan el alambre con alicates.
No fue el único incidente. Al otro lado, entre el paso elevado y el viaducto de Pardavila se dan todos los casos posibles de deficiencias. Hay vallas con agujeros hechos con herramientas, con altura suficiente para el paso de perros o conejos. Hay tramos donde no hay cierre en absoluto y hay aquellos que con la presión de la vegetación pronto acabarán por los suelos.
En Currás hay otro ejemplo. En un punto donde se han producido dos accidentes este año, el cierre derribado por los vehículos no se ha repuesto. No es de extrañar que en septiembre allí se atropellase a varios perros.