Cuatro ancianos entraron ayer y hoy llegarán tres, de ellos dos presbíteros
30 ago 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Cinco de la tarde. Mientras algunas trabajadoras descargan y colocan el contenido de varias cajas en los armarios (son pañales), en la sala de juegos del geriátrico Divino Maestro, cuatro ancianos conversan con la terapeuta ocupacional Soraya Mangana. «Estamos coas presentacións, intento que se coñezan entre eles, que falen», dice. Una señora tiene un alzhéimer moderado, otra persona está en fase inicial y hay dos casos de hemiplejia, uno, más recuperado. Los residentes están cómodos, felices y animados. Él se puso a cantar una canción gallega a placer. El centro del obispado tiene todas las comodidades y si ayer entraron cuatro usuarios, hoy lo harán otros tres, una señora que trasladan desde el hospital y dos sacerdotes mayores.
«Estamos muy bien, aunque ajetreados», decía la directora, Mónica Pereiro, atendiendo a las familias y a los quehaceres de la casa. «Hoy es el primer contacto con ellos, para conocer sus inquietudes y para ver qué pueden hacer», señaló.
La mayor parte se instalan en la primera planta, en el ala que da hacia la A-52, más soleada por las tardes. Y la más cercana al comedor, otra estancia acogedora, con una puerta que corre paralela a un muro de cristal. Son habitaciones dobles con un baño adaptado e incorporado. De momento una señora prefiere disponer de habitación individual y la han acomodado en el ala que corre paralela a la capilla del Seminario Mayor, con vistas al claustro.
Ayer se estrenó el servicio de cocina con la primera cena: Sopa de pollo, filetes de merluza empanados y de postre, a elegir entre leche yogur o fruta.
En otra estancia el equipo médico también tuvo su reunión para comenzar a trabajar y hacer un seguimiento riguroso de todos los residentes que se van a beneficiar de este centro del Obispado que gestiona la Fundación San Rosendo. Los familiares de estas personas dicen estar también muy tranquilos, teniendo a los suyos cerca.