El hedor de las aves molesta a los vecinos de la avenida da Cristina
29 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Los paseos vespertinos de Rogelio Rodríguez Pumar con sus gallinas por la zona de la avenida da Cristina y el Pazo da Cultura de Carballo se han convertido en una estampa curiosa e incluso divertida para quienes pasan ocasionalmente por el lugar y se sorprenden con la presencia de los animales en pleno casco urbano. Sin embargo, esta escena, que se repite prácticamente a diario, no les hace gracia alguna a los vecinos de las viviendas más próximas al gallinero, que están hartos de los malos olores, la suciedad y los ruidos provocados por los animales. Según denuncian, las aves no se encuentran en unas condiciones de salubridad mínima y son un foco de plagas e infecciones.
Aparte de quejarse repetidamente al propietario, los vecinos han canalizado sus protestas a través de la recogida de decenas de firmas que fueron presentadas en el Concello el 13 de octubre del 2011 y el 29 de marzo pasado.
La Policía Local ha acudido varias veces al lugar para levantar acta de la situación en la que se encuentran las gallinas y recoger las quejas de los residentes, pero el Concello todavía no ha adoptado medidas que convenzan a los afectados.
«Nós non pedimos que lle quiten as galiñas, porque os demais tamén temos algunhas, pero non esa cantidade, nin nesas condicións, porque se estiveran limpas non pasaba nada, pero así é unha porquería. Cada vez que abre as claraboias aquí non se para e a xente que está no Pazo non sei como aguanta», relata el propietario de la casa contigua a la de Rogelio, que ya ha tenido varias discusiones con el dueño de las aves, que, según dice, también tiene otros animales: «As galiñas non son o peor. Cheiran bastante máis as catro ou cinco cochas e máis a porquería que saca e nos deixa aquí, nas beirarrúas diante das casas».
La vecina de enfrente tampoco tiene buenas palabras para definir su relación con el granjero urbano al que ha reprendido por su actitud en varias ocasiones y del que, tal como dice, solo ha recibido desprecios. Uno de los últimos encontronazos lo tuvieron hace un par de semanas cuando la mujer protestó porque los excrementos de las aves cubrían las aceras. La discusión terminó en forcejeo y la mujer, según asegura, sufrió una lesión leve en un brazo, en el que todavía tiene una marca. «Nós non queremos lío ningún, simplemente que teña as cousas como é debido, porque aquí non se pode vivir», reclama la afectada.
Rogelio, por su parte, es consciente del descontento de los vecinos por la presencia de sus animales. Asegura que si los mantiene es por necesidades económicas y no por afán de molestar, pero, en cualquiera caso, afirma: «Estou no meu e mentres non me saia del non poden facer nada».
Sin embargo, la ordenanza municipal, que los vecinos exigen que se cumpla, dice algo bien distinto. Según refleja el artículo quinto del capítulo primero de la normativa sobre tenencia de animales: «Queda prohibida a cría doméstica de aves de corral, coellos, pombas e outros animais análogos en domicilios particulares dentro do núcleo urbano, tanto si é en terrazas, como en cerrados ou patios», por lo que estas actividades tienen que ceñirse a las zonas rurales del municipio y a los espacios habilitados.