Lucha contra el furtivismo

Las cofradías se ven obligadas a vigilar constantemente las playas


ribeira / la voz

Históricamente, las playas barbanzanas han sido y son fuente de conflicto. Su riqueza marisquera enfrenta a las cofradías, las entidades que explotan los arenales, y a los furtivos, vecinos que, pese a no disponer de permiso alguno, extraen marisco para consumo propio o para su comercialización.

Cada verano, debido a la presencia masiva de bañistas, los pósitos se ven obligados a contratar vigilantes para evitar que los turistas rapiñen marisco. Pero, durante todo el año, hay personas que se dedican a extraer distintas especies marisqueras con el único fin de vender el producto y ganarse así la vida. Es más, el número de furtivos que responden a este perfil se vio notablemente incrementado en los últimos años debido a la crisis.

Para frenar esta práctica, las cofradías recurren a diversos métodos, desde la contratación de vigilantes hasta el establecimientos de turnos para que sean los propios mariscadores los que recorran los arenales para disuadir a los furtivos.

El 7 de agosto del 2009, La Voz informaba del decomiso de sesenta rastros, mientras que el mismo día del año siguiente, se hacía eco de la incautación de una tonelada de marisco durante el mes de julio.

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