El domingo del Albariño es una jornada intensa en lo que a protocolo se refiere. En el Concello de Cambados se reúne un buen montón de autoridades, las cofradías invitadas (este año hubo alrededor de una veintena, y de productos tan curiosos como el nabo o el erizo de mar), quienes ya forman parte del Capítulo Serenísimo y quienes van a incorporarse al mismo. Todos dan cuerpo a un vistoso desfile que nada más asomar por la puerta del consistorio suele encontrarse con una sonora pitada. Este año se cumplió la tradición y hubo abucheos. De ellos se libró el presidente de la Xunta, que esperó a toda la comitiva en el patio de armas de Fefiñáns.
Pero sus conselleiros -Rosa Quintana, Beatriz Mato y Jesús Vázquez- sí oyeron los pitos. Y también vieron a los afectados por las preferentes que, con los brazos en alto y sin apenas alzar la voz, protestaban por la kafkiana situación en la que se encuentran. Este grupo, enfundado en camisetas rojas, decidió sumarse a la comitiva oficial y comenzó a marchar tras ella. A su paso, en varias ocasiones, el público rompió a aplaudir.