La semana negra

Gerardo G. Martín

FIRMAS

Abel Caballero sabe que esta pasada ha sido para él una semana negra. ¿La peor? Con España al borde del precipicio, él se halla a las puertas de su Waterloo. El regidor no ha huido de Elba pero tiene el acoso de Figueroa-Louzán, que pueden ser el Wellington vencedor que, como a Napoleón, le pongan poco menos que en fuga. Y sin La Roja que le eche una mano.

Ha tomado cuerpo la posibilidad de más protagonismo para las diputaciones, cuando tanto denosta él a la pontevedresa. Bien sabe nuestro personaje bíblico -curiosamente en los textos sagrados, el bueno- que la corporación provincial, aunque en el futuro solo tenga competencias municipales restadas a pequeños ayuntamientos , algún daño le puede hacer el PP desde ese organismo. Caballero va camino de perder también esta batalla, aunque no pierda la guerra por ahora.

Por si fuera poco, con la reforma municipal esbozada por el Gobierno, a municipios como Vigo le pueden restar hasta siete concejales, aunque sea para las próximas elecciones; si a Mariano no le da por cambiar otra vez y adelantar la fecha de aplicación de la medida. Si no van en la listas por ejemplo Font y Santos Héctor Rodríguez, ¿dónde va a encontrar Caballero siareiros que le rían las gracias como un Font cuyas obras completas conocidas se escriben en la cabeza de un alfiler, sin ser miniaturista, o un Santos Héctor, dócil y desconocedor de sus limitaciones, que ha aceptado el papelón de comandar un PSdG-PSOE que en la provincia tiene al menos un ciento de militantes cualificados?

Mala semana, además, con uno de su sangre, como es Gonzalo su sobrino, pisando los callos cada día con más eficacia. Y aliado con un político peleón que se las sabe todas, como es Carlos Príncipe.

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