Cuatro paredes salvavidas

Rocío Pita Parada
Rocío Pita Parada FERROL / LA VOZ

FIRMAS

Por el piso refugio han pasado más de medio millar de víctimas desde 1986

01 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Es una casa que salva vidas. Aparentemente, es un piso normal en Ferrol. Pero sus muros son un refugio contra el maltrato. En ella se alojan mujeres víctimas de la violencia machista y también los hijos que tengan a su cargo. La casa de acogida ferrolana es una de las más antiguas de toda España. Funciona desde hace un cuarto de siglo y desde entonces ha acogido entre sus paredes a más de medio millar de mujeres maltratadas. El año pasado tuvo una ocupación del 67%, la más alta de toda Galicia.

Dolores Cervera, directora del Centro de Información á Muller (CIM) de Ferrol y psicóloga de este servicio y de la casa de acogida lo tiene claro: «Me parece uno de los recursos más importantes». Por su obligado anonimato -su emplazamiento es secreto, para salvaguardar la seguridad y la integridad de sus inquilinas- realiza una labor callada que no siempre es conocida por el público en general. «Pero es conocida por quienes les afecta», apunta Cervera, aunque «nunca va a ser suficientemente publicitada».

Un cuarto de siglo

Coincide con ella Marga García, gobernanta de la casa desde su apertura, en el año 1986. A su cargo están todas las labores de intendencia: el mantenimiento, las facturas, las compras, la dieta e incluso la coordinación de las cuidadoras que atienden el centro.

La vida allí no siempre es fácil: «Pueden surgir conflictos a diario». Para minimizarlos, existen unas normas. A la casa solo pueden acceder víctimas de maltrato -«no solo físico, sino también mujeres en riesgo psíquico y psicológico», incide Dolores-. Y una vez allí, se les hace un proyecto de integración personalizado. Cada una de ellas se hace cargo de tener arreglada su habitación. Y de sus hijos, si los tiene. Y deben participar en las tareas comunes y respetar unos horarios. A cambio, obtienen un lugar donde sentirse seguras y se les facilita la búsqueda de empleo, la formación y el acceso a las ayudas económicas a las que tienen derecho. Pueden estar tres meses y prorrogar su estancia por un máximo de otros tres.

La integración, no siempre fácil

Pese a ello, «la mayoría no completan» el proceso. «Hay gente que no se integra», dice Marga. «Cada una tiene su momento. Algunas no lo tendrán en la vida, pero otras sí. Y las que están convencidas siempre te van a hablar bien» sobre la casa de acogida. «Para ellas somos un vehículo. Nosotras movilizamos recursos pero si ellas no quieren....», apostilla la directora del CIM. «Las mujeres también tenemos que atrevernos. Si ellas no explican lo grave que creen que es su caso, con todos los datos, la policía no puede actuar», defiende la gobernanta.

La casa de acogida es un piso franco que algunos maltratadores merodean de vez en cuando. «Acercado sí que lo han hecho, pero puesto en peligro no», asegura Marga García. Lo impiden el sistema de seguridad con cámaras, el videoportero y que se pueda ver «todo antes de abrir».

Aunque «si alguien quiere matar no se tiene ni que acercar a la casa», considera Cervera. «Podemos prevenir el nivel de riesgo, pero nunca sabemos cuándo va a matar» un maltratador. La base está en la educación. «Hay que asistir, pero mientras no cambie la mentalidad....».

la casa de acogida de ferrol tiene la mayor tasa de ocupación de galicia

«Podemos prevenir el nivel de riesgo, pero nunca sabemos cuándo va a matar el maltratador»

Dolores Cervera

«Si ellas no explican lo grave que es el riesgo, la policía no puede actuar. Las mujeres tenemos que atrevernos»

Marga García