La iglesia era clave en Muras

Xosé María Palacios Muruais
xosé maría palacios VILALBA / LA VOZ

FIRMAS

PALACIOS

Los vecinos reaccionan con discreción ante el juicio por el que el una mujer fue acusada de una posible estafa

11 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La iglesia parroquial de Muras estaba cerrada a cal y canto ayer por la mañana. Nada tenía de raro, ya que ni era domingo o fiesta de guardar ni estaba anunciado ningún funeral. Sin embargo, ese edificio con tanta tranquilidad a su alrededor -la misma, por otro lado, que prácticamente se respira en todo el casco urbano murense, alejado del trazado de la carretera que sube desde Viveiro hacia la Terra Chá- es el mismo que durante algún tiempo se convirtió en centro de unas operaciones más económicas que teológicas.

Anteayer, en Lugo, fue juzgada una vecina de la villa que está acusada de hacerse pasar por un párroco que ejerció su labor pastoral hace años y cuya huella parece mostrar entre los vecinos más inclinación al elogio que otra cosa. A la vecina, por hechos que se remontan a hace cinco años, se le imputa un comportamiento en el que utilizó la iglesia para lograr colectas, pero más en beneficio propio que en obras destinadas a socorrer a semejantes.

Usando el buen nombre y el buen recuerdo del párroco que ya había dejado Muras, la clave del donativo estaba dentro de la iglesia. En un confesonario había que dejar el dinero, aunque el acceso al templo no parece al alcance de todos fuera de los días de culto. Alguna casa de la localidad tiene la llave de la iglesia parroquial, y en ese reducido grupo se encuentra incluso la de la mujer juzgada anteayer.

Sin embargo, lo que pasó acabó rompiendo los límites de la discreción que se le suponía y llegó a entrar en el contenido de los sermones del párroco. En el vecindario se comenta, de manera favorable hacia él, que el actual párroco, Baltasar Requeijo, llegó a comentar en alguna homilía, tras conocerse que corrían las peticiones de donativos mezclando a la iglesia en el asunto, que si alguna persona volvía a recibir alguna carta que le reclamaba dinero, podía contactar con él para buscar una solución.

La situación se interrumpió y los hechos acabaron en conocimiento de la Guardia Civil y ante el juzgado. En un concello que no llega ni a mil vecinos, la situación suscita interés, como lo atestiguan algunos, pero también genera una discreción directamente proporcional a esa curiosidad.

Sentencia

Unos esperan que los tribunales se pronuncien y dicten sentencia, otros hablan en voz baja, otros cambian de tema, y otros no saben mucho o fingen no saber del asunto. Algunos, en cambio, sí admiten que la situación ha llegado a generar controversia, algo lógico dado que todos los protagonistas son de un concello de escasa población y todos, por una razón o por otra, acabaron dando con la iglesia. La iglesia, cerrada ayer, cúmplese ahora su función religiosa sin que nadie parezca interesado en convertirla en centro de sus operaciones.