En Estados Unidos se ha montado una buena a cuenta del Air Force One, el avión del presidente del Gobierno. Desde que decidió presentarse a la reelección, Obama no se apea. Vuela en el Air Force One tanto para asuntos institucionales como para hacer campaña. Según el corresponsal político de la CBS Mark Knoller, Obama ha viajado 60 veces por el país en el avión oficial -normalmente, aunque no siempre, un Boeing 747- desde entonces. Y, claro, la sociedad norteamericana se pregunta quién lo paga. The New York Times se ha hecho eco del interesante debate en las últimas semanas. Ojo. No se trata de si debe usar o no el avión. Como dice el portavoz de la Casa Blanca, él es presidente «24 horas al día, siete días a la semana». No. El debate es quién paga. Porque algunos viajes están sufragados por el Partido Demócrata. Mensualmente, envía informes al órgano equivalente a la Junta Electoral Central detallando cuánto. ¿Paga todo lo que debe?, quieren saber los estadounidenses.
Cuando La Voz publicó la inapelable foto de Caballero entrando en su coche oficial tras la manifestación del Primero de Mayo, uno esperaba que se abriera un debate social. ¿Quién debe pagar por el uso privado de un coche oficial? Que el PSOE, por ejemplo, dijera: «Pagamos nosotros». O Caballero mismo: «Pago las horas extras del chófer y la gasolina con mis ahorros de toda la vida». O incluso el Concello podía haber argumentado que el alcalde «es alcalde las 24 horas del día, los siete días de la semana y tiene derecho a usar el Citroën C5 siempre». Al menos así se podría debatir.
Pero no. La justificación de Caballero ha sido negar lo que sí se veía en las fotos. Él dice que fue andando, aunque tuviera al chófer esperándolo a la vuelta de la esquina. Negar lo evidente es una gran defensa. De altura. ¡Que aprenda Obama!
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