La Universidad desarrolla un sistema para controlar mercancías por microchips

Soledad Antón García
soledad antón VIGO / LA VOZ

FIRMAS

El equipo que ha diseñado la tecnología mantiene contactos con multinacionales de la automoción y otros sectores

06 may 2012 . Actualizado a las 07:10 h.

La forma en la que las empresas desarrollen y gestionen su logística en el futuro se parecerá poco a la actual. Un equipo de la Universidad de Vigo que lideran los profesores Miguel Merino y Perfecto Mariño, de los departamentos de Organización de Empresas y Tecnología Electrónica, respectivamente, trabaja en el desarrollo de un sistema de radiofrecuencia que, por medio de microchips, permite conocer en tiempo real desde la mercancía que transporta un contenedor hasta en qué estantería de un almacén se encuentra una determinada pieza. Incluyendo el punto geográfico exacto en el que está el pedido que nos han remitido, por ejemplo, desde China.

Las aplicaciones del sistema, además de ser casi infinitas, resultan una herramienta muy útil para que las empresas no solo ganen en competitividad, sino que, además, reduzcan costes.

La Universidad mantiene contactos con varias multinacionales para hacer que el estudio pase de la teoría -«ya probada», señala Miguel Merino- a la práctica en breve. La primera en interesarse por el estudio fue la Cooperativa de Armadores de Vigo que, harta de que le robaran las cajas en las que se subasta el pescado, apostó por la instalación de chips para tenerlas permanentemente controladas. Los resultados no se hicieron esperar.

El sector de la automoción es uno de los firmes candidatos a encomendarse a la radiofrecuencia. De hecho, el equipo que lidera Merino ha hecho un estudio específico sobre el tráfico de mercancías entre factorías chinas de componentes automovilísticos que luego emplean los fabricantes del sector. «Lo que proponemos es un modelo de gestión global de tráfico de contenedores, en los que se instalaría un precinto electrónico activo en el que la picaresca no tendría cabida», dice.

Y es que los precintos físicos que llevan habitualmente remolques y contenedores son fácilmente manipulables. Eso sería imposible ya que, a mayor abundamiento, la mercancía llevaría a su vez un microchip comunicado con el precinto del contenedor. Así cualquier movimiento quedaría registrado. Con tanta seguridad las tradicionales inspecciones oculares no serían necesarias, lo que agilizaría notablemente los procesos de carga y descarga.

El principal problema en el caso de los precintos electrónicos incorporados en los contenedores sería la inversión inicial, ya que el precio por unidad ronda los 60 euros y hay que pensar que las grandes navieras tienen millones de contenedores. La buena noticia es que el dispositivo tiene una vida ilimitada.