Llevan en los genes ayudar a los demás

Marta Vázquez Fernández
M. VÁZQUEZ OURENSE / LA VOZ

FIRMAS

Santi M. Amil

Padre, madre y dos hijos están en la agrupación de Protección Civil de Toén

06 may 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Buenas sensaciones

Pese a esa vertiente, quizás la menos agradecida, parece que las sensaciones que los padres se llevaban a casa después de realizar un servicio para Protección Civil no eran malas porque enseguida los dos hijos mayores, los gemelos José y Benigno, se interesaron por el tema y, en cuanto tuvieron la edad, se decidieron a integrarse en la agrupación. Ellos aún recuerdan la búsqueda durante días de Laura Alonso, la joven de Toén presuntamente asesinada por su exnovio y hallada sin vida en una finca a finales de agosto del 2009, a la que estuvieron tratando de localizar por los montes del municipio durante varios días. En aquel dispositivo participó toda la familia. Ninguno lo ha olvidado.

Los gemelos, de 20 años, son los más jóvenes de la agrupación y se muestran orgullosos de serlo. «Esto tiene que salir de uno mismo, todos tenemos que poner nuestro granito de arena», aseguran. Para la familia compartir vocación solidaria es un punto más de unión entre todos y, aseguran, nunca discuten por nada que tenga relación con ese asunto.

El padre es Castor Estévez Lorenzo, la madre es Ana Santana López y sus hijos son José y Benigno.

Edad

El progenitor ha cumplido los 45 años, la madre, Ana, tiene 40 y los dos hijos mayores, gemelos, tienen 20 años.

Profesión

Voluntarios de Protección Civil durante su tiempo libre.

En tiempos en los que la solidaridad no parece una prioridad para los ciudadanos, hay quienes ponen por encima de cualquier problema personal el servicio a los demás. En Toén la agrupación de voluntarios de Protección Civil tiene una particularidad que difícilmente podrá encontrarse en otros municipios. Y es que dentro del grupo de vecinos que, desinteresadamente, se dedican a ayudar cuando hay emergencias o eventualidades de cualquier tipo, se encuentran cuatro de los cinco miembros de la familia Estévez-Santana. Y son cuatro porque el quinto aún no tiene edad para ser voluntario. El tiempo resolverá ese inconveniente, sin duda.

El pionero fue Carlos Estévez. Hace unos doce años, cuando se creó la agrupación en el pueblo en el que reside, decidió sumarse a la iniciativa y probar. Como ocurre siempre, aunque la vocación es fundamental también son necesarios los conocimientos, por lo que empezó por hacer el curso de formación. Muchos de los que comenzaron con él, recuerda ahora, se marcharon porque se dieron cuenta de que no podían. «Es que esto te tiene que gustar mucho», afirma, recordando lo duro que fue al principio prestar ayuda en algunos accidentes de tráfico con víctimas mortales, en los que había que rescatar cuerpos muy destrozados, o la recuperación de ahogados en un río. Carlos no se arredró y a día de hoy está más que acostumbrado a situaciones difíciles.

Años después de su incorporación, y cuando ya estaban casados, Ana, su esposa, decidió unirse al grupo. Asegura que también lo hizo por vocación, porque le gusta ayudar a los demás, pero para ella lo más duro del trabajo, por el que no reciben salario alguno, es la falta de comprensión de muchos ciudadanos. «Aquí se oye de todo, hay gente que es muy desagradecida», explica, recordando que los voluntarios tienen que poner «mucho de su parte».