El espectacular desarrollo que ha deparado Citroën desde su aterrizaje en Vigo, hace 54 años, tuvo su inicio en un almacén del puerto. El primer vehículo fabricado fue un modelo 2CV. Uno de sus operarios fue testigo de ese hito
05 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Nadie podía suponer en 1950 que Vigo acogería en su suelo una de las firmas más destacadas de la automoción mundial. Los franceses pusieron sus ojos en la ciudad gallega y en abril de 1958 se colocó la primera piedra de una industria vital para Vigo y para toda la comunidad.
El tirón económico de la ciudad atrajo a miles de emigrantes y alimentó un crecimiento vertiginoso hasta convertirse en la primera población de Galicia por número de habitantes. El sector metalúrgico se hizo fuerte junto a la ría, y todavía sobrevive, a pesar de la dureza de una crisis planetaria que toca profundamente a los astilleros. Aunque Vigo es mucho más que Citroën, no se puede entender la ciudad actual sin esta firma.
Todo arrancó un 9 de abril de 1958. Cuando se colocó la primera viga, Evaristo Izquierdo Crespo contaba por aquel entonces con 25 años de edad. En el almacén que compró Citroën en la calle Montero Ríos colaboró en el montaje de los primeros vehículos de la factoría. «Eran furgonetas 2CV que nos llegaban embaladas y había solamente que ensamblar». Evaristo añade que, en esa época, «teníamos una producción de solo un vehículo al día». Hoy fabrica una media de 1.600 automóviles diarios.
Los comienzos de Citroën fueron duros, pues «había que trabajar con uñas y manos y el material español era malísimo, pero también existía mucha camaradería». Evaristo hacía el operario número 24, sin contar los que trabajaban en oficinas, que eran otros tantos. Cuando la factoría se trasladó a Balaídos, Evaristo recuerda que «la zona era un pantano que hubo que drenar». La fábrica creció y también el número de obreros. «En mi época solo había mujeres en la limpieza y administración». Pero las cosas cambiaron. La moderna maquinaria que se introdujo, en un principio, produjo cierto resquemor, pues se temía que afectara al empleo. «La fabricación de vehículos se hizo más rápida y cómoda», comenta Evaristo, que también rememora los tensos momentos de las huelgas en las que se corría delante de la policía.
Muy popular en Citroën por su pasión por la música ?era conocido como Cantarini?, Evaristo tarareaba mientras realizaba sus tareas. La fama lírica, a dúo con su mujer, que también cantaba, lo llevó incluso a la televisión portuguesa. Evaristo se muestra orgulloso de haber trabajado «en una gran empresa». «Mucha gente de Vigo y comarca vive de ella», asegura. A punto de cumplir 80 años, confiesa que siempre ha conducido un Citroën «faltaría más. Tuve seis, el último un Picasso». Evaristo cree que aquellos fueron tiempos mágicos para todos los que vieron despegar ese cohete industrial llamado hoy PSA Peugeot Citroën.