Ayer por la mañana, 150 peregrinos habían pasado por la carpa desde la que Protección Civil visa compostelanas y ofrece ayuda de todo tipo
06 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Una carpa con pasado de feriante es la sede del puesto en el que los voluntarios de Protección Civil de Valga se visten de vigilantes del Camino portugués a Santiago. Pero ni el grueso uniforme que ayer vestían José y Gustavo Ferro, ni las paredes de plástico de su modesta oficina, servían para sacarles de encima el frío que se les había ido metiendo dentro desde las ocho y media de la mañana. Les había tocado la primera guardia de un día con xiada, frío y un trajín considerable en la ruta. Hasta la hora de la comida, más de 150 personas cruzaron esa aduana que, a diferencia de todas las demás, sirve para unir, no para separar.
Aunque pueda parecerlo, no son muchos peregrinos. Al menos no son muchos si se comparan los datos con los de los últimos años. Nos lo cuenta José Manuel Otero, el jefe de Protección Civil de Valga, un colectivo que lleva desde 1999 velando por el Camino. Todo empezó poco a poco. «Decidimos poñernos nun punto para informar aos peregrinos, e os que pasaban sempre nos preguntaban se tiñamos sello. Así que ao final fixemos un», cuenta Otero.
Desde el margen del Camino, sello en mano, los voluntarios se han convertido en testigos de excepción de cómo ha evolucionado la ruta portuguesa. «Foi medrando pouco a pouco», cuentan. Al principio «a maioría da xente que pasaba eran portugueses e xente de aquí». Pero, hace ya unos años, la ruta dio un estirón y por ella comenzaron a circular peregrinos procedentes de lugares tan lejanos como Australia. «E as veces dis ti, ¿que farán estes aquí?», confiesan los voluntarios.
Algo así se preguntaron hace unos días, cuando un grupo de coreanos acabó perdido en Valga. Se habían desviado de la ruta y no sabían como volver a ella. «Non había maneira de que nos entendéramos, así que acabei subíndoos no coche e levándoos de novo ao Camiño», explica José Manuel.
Este fue un caso extremo. «Normalmente entendémonos ben» con los peregrinos extranjeros. La agrupación ha elaborado un diccionario para autoconsumo que les ayuda a chapurrear lo básico en otras lenguas y así poder salir al paso de los caminantes y ofrecerles ayuda e información. También, en caso de que necesiten atención sanitaria, se les echa una mano, aunque no suele ser necesario. «A xente trae estudiada a etapa, veñen con roupa adecuada e con mochilas máis pequenas...».
Caminando hacia atrás
Eso, sumado a que las obras han convertido lo que antes era un «camino de carros» en el Camino Portugués, ha reducido los problemas en la ruta. «Hai anos estabamos de guardia e vimos chegar a un home que andaba para atrás. Pensamos que estaba tolo, pero o que lle pasaba era que lle doían tanto os xeonllos que lle era máis fácil baixar a costa de espaldas que de frente».
Aquel hombre pecó de forzar su cuerpo al máximo. Otros pecan de temerarios. Como un ciudadano portugués que metió su vehículo por un tramo de la ruta cerrado al tráfico. «Quedoulle a furgoneta atascada entre dúas rochas. Tivemos que pasar dúas horas picando na pedra para que puidera saír». Ahora se ríen al recordarlo. Pero ni una sonrisa esbozan cuando rememoran los incendios del 2006. «Ardeu a metade do Camiño, pero rexenerouse el solo. Puido máis a natureza que a man do delincuente». Quizás fuese cosa del Apóstol.
Un diccionario doméstico permite a los voluntarios salvar el problema de los idiomas
Hacen de todo: hasta picar roca para rescatar una furgoneta atascada