En el año 2000, Fidel Castro levantó en La Habana la llamada Tribuna Antiimperialista, conocida por los cubanos como El Manifestódromo. Tan moderno espacio cuenta con cómodas tribunas y está situado frente a la embajada de EEUU.
En Vigo, tenemos también nuestro propio manifestódromo, que discurre desde Os Choróns hasta la calle de Colón, para derivar luego en dos ramales, a gusto del convocante, uno en la Porta do Sol y otro, frente al edificio administrativo de la Xunta.
En este escenario, la ciudad exhibió ayer de nuevo su músculo reivindicativo. Desde siempre, Vigo ha sido la capital gallega de la agitación callejera. Aquí se celebraba el 40 por ciento de las movilizaciones del país. Y, en el año 2009, se batieron todos los registros, con 753 manifestaciones y 176 encierros, lo que colocó a la urbe a las puertas de las tres movilizaciones diarias.
Sin embargo, datos de la Delegación del Gobierno nos hicieron dudar en el 2010. Superadas las grandes marchas del metal, ese año las convocatorias bajaron tanto que A Coruña llegó a igualar a Vigo en número de movilizaciones. Un dramón.
Por fortuna, las aguas vuelven a su cauce. Y las identidades pueden mantenerse intactas. Porque ayer la ciudad de Vigo dejó muy claro que, en lo que a manifestaciones se refiere, no tiene rival posible. Incluso los cálculos policiales más rácanos hablan de más de cien mil personas, entre las dos marchas.
Yo no soy muy ducho en contar personas. Pero ayer vi en el centro de Vigo no menos de cinco estadios de Balaídos en partido de Champions; o dos o tres Cristos de la Victoria. Tirando por lo bajo. Así que, ya saben, «desde o balcón non hai solusión». Y, para manifestarse, Vigo.
Ayer vi no menos de cinco Balaídos o dos Cristos de la Victoria
eduardorolland@hotmail.com