De yerno ideal ha pasado a ser el primer imputado de la familia real
26 feb 2012 . Actualizado a las 20:43 h.En la biografía oficial del excelentísimo señor don Iñaki Urdangarin que figura en la web de la Casa Real no hay ni el mínimo rastro de sus actividades empresariales. «En los últimos años, ha cultivado el interés por cuestiones sociales y culturales, amén de las deportivas, intentando establecer caminos de diálogo entre unas y otras», se limita a decir la página, que, eso sí, glosa extensamente sus hazañas deportivas. Nada sobre Nóos o Aizoon. Este borrado de su pasado más turbio es una demostración palpable del gravísimo daño que el marido de la infanta Cristina está causando a la monarquía, una institución que pierde respaldo ciudadano a marchas forzadas. Hasta el punto de que sus oponentes dicen que nadie ha hecho más por la república en los últimos tiempos que el duque de Palma.
Su caída en desgracia ha sido espectacular hasta convertirse en el primer miembro de la familia real imputado, un símbolo de la corrupción y el pelotazo en un país que padece una devastadora crisis económica y un apestado al que el rey primero advirtió, luego alejó de España y, más tarde, apartó de la agenda oficial de la Casa Real.
Urdangarin parecía casi perfecto, el yerno ideal, el candidato óptimo para casarse con una infanta. Gran deportista, doble medallista olímpico, alto (1,96) -lo que era muy apropiado para no desentonar-, bien parecido, educado en colegios católicos, nacido en Zumárraga (Guipúzcoa) de buena familia, hijo de un exbanquero vasco del PNV y una aristócrata belga, criado en Barcelona. Hasta en esto era idóneo en la España de las nacionalidades. Su boda con Cristina en Barcelona el 4 de octubre de 1997 tras un rápido noviazgo fue un acontecimiento. Siguió jugando al balonmano hasta que se retiró con 32 años después de ganar el bronce en Sídney-2000. En el 2001 obtuvo un máster en la prestigiosa escuela de negocios Esade. La reina Sofía, su gran valedora, asistió a la graduación. Su imagen ante la opinión pública era impecable.
Del deporte a los negocios
Pero Urdangarin no aceptó el papel de mero duque consorte y se introdujo en el mundo de los negocios. Y lo hizo plenamente consciente de que ser yerno del monarca le abriría todas las puertas. En el 2001 comenzó a trabajar en empresas que actuaban como intermediarias en el mundo del deporte. Eso no le impidió ser nombrado vicepresidente primero del Comité Olímpico Español en el 2004, cargo en el que apenas duró algo más de un año. Su triple condición de integrante de la familia real, empresario y número dos del COE era insostenible.
Entre el 2003 y el 2006 se volcó en cuerpo y alma en los negocios hasta amasar la fortuna que hoy está bajo sospecha. En esos años, el Instituto Nóos, que presidía desde el 2004, facturó más de 15 millones. Lo hizo siguiendo las orientaciones de su antiguo profesor de Esade Diego Torres y bajo el paraguas de una fundación sin ánimo de lucro. Pronto sus actividades llamaron la atención. Sobre todo los 2,3 millones que cobró del Gobierno balear de Jaume Matas por organizar dos foros para el fomento turístico de la isla a través del deporte. Los socialistas preguntaron en el Parlamento regional al Ejecutivo de Matas sobre esos suculentos contratos. Las prácticas se repitieron en la Comunidad Valenciana gobernada por Francisco Camps, donde organizó otros tres encuentros por los que se llevó casi tres millones. El elevado patrimonio inmobiliario que reunió no pasó inadvertido, sobre todo el palacete que compró en Pedralbes en el 2004 por valor de siete millones de euros.
El duque y sus socios recibían cuantiosos ingresos por informes sin contenido y ambiguos asesoramientos. Las empresas y los organismos públicos no estaban dispuestos a decir no a un destacado componente de la familia real. Sabedor de que el asunto crecía y podía ser peligroso para la institución monárquica, don Juan Carlos le ordenó en el 2006 que dejara sus polémicos negocios. Urdangarin se desvinculó de Nóos, pero dejó intacto su entramado.
Condenado
Su alejamiento a Washington por indicación del rey, donde reside desde el 2009, no impidió que el círculo periodístico y, lo que es más grave, judicial se estrecharan sobre él. En los últimos meses, las revelaciones bochornosas y más que comprometedores se sucedieron. El 9 de noviembre, la Fiscalía Anticorrupción lo acusó de apoderarse de fondos públicos utilizando facturas falsas e infladas y valiéndose de presupuestos y servicios ficticios. El pasado 29 de diciembre, el juez José Castro terminó haciendo lo que era inevitable y lo imputó. Al margen de cual sea la sentencia, la opinión pública ya lo ha condenado por su comportamiento éticamente impresentable, al beneficiarse de su posición.
iñaki urdangarin medallista olímpico y esposo de la infanta cristina