Los cascos históricos de Ferrol figuran, junto a Betanzos, a la cabeza de los espacios urbanos gallegos más amenazados por la ruina. Pero entre los escombros florecen a veces ejemplos de edificios y espacios regenerados que sirven, entre otras cosas, para alimentar la autoestima de un pueblo. La bocana de la ría de Ferrol reúne tres elementos -naturaleza, arquitectura e historia- que con sus peculiaridades lo convierten en un lugar irrepetible y, por lo tanto, en un valor al que deberíamos aprender a sacarle rendimiento. La coincidencia en la misma semana de dos noticias relacionadas con las fortalezas de San Felipe y A Palma sirve para amplificar el significado de la recuperación de esos dos enclaves. La experiencia sobre el desprecio con el que tradicionalmente tratamos el patrimonio no invita precisamente a ser optimistas, pero al menos en este caso se ven elementos para la esperanza.
Mientras se consolida la demolición de lo que quedaba de las ruinas de la Fábrica de Lápices tras varios lustros de abandono, es interesante también echar un ojo a las cosas que sí hemos sido capaces de rescatar. Por iniciativa pública o privada. La restauración de la Casa del Gobernador, en el Castillo de San Felipe, es solo el comienzo de una inversión millonaria que requerirá la salvación del monumento. Pero como dijo en una antevista publicada en estas página Iago Seara, el arquitecto que dirigió la obra de recuperación, «ha sido un laboratorio de buenas prácticas» de lo que se puede y se debe hacer con el rico patrimonio. Lo que no es buena práctica es la dilatación eterna de los trámites administrativos, como los que han facilitado el expolio de A Palma y las dudas que se sembraron sobre la viabilidad del proyecto para convertirlo en un hotel, que parece la única vía para ponerlo a salvo. Esta semana se desbloqueó la prohibición de instalar habitaciones donde antes hubo celdas.
Pero hay otros casos que podrían formar parte de ese laboratorio de ensayo. Donde no solo se sanan edificios enfermos, sino que se refuerza la certeza de que son motores económicos para su entorno. La recuperación del teatro Jofre es un ejemplo. Lo es también el edificio de la vieja cárcel, actual fundación Caixa Galicia. Y en cualquiera de la calles de A Magdalena se pueden contemplar, si queremos mirar más allá de las ruinas, excelentes casos de restauración privada de arquitecturas de los siglos XVIII, XIX y XX. Hay ejemplos de buen mantenimiento, como el que se hizo recientemente en la Casa Antón, el colegio de las Discípulas de Jesús.
Son lecciones para el futuro: de la ruina extrema rara vez sale riqueza.
La rehabilitación de San Felipe es «un laboratorio de buenas prácticas», dijo Iago Seara