«Necesitamos un centro aquí; no podemos enviar a nuestros hijos lejos y no verlos»

La Voz

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Setenta kilómetros separan el centro Infanta Elena donde estudia Alejandro, de 20 años, de su casa en O Barco, en la que viven su madre Mila Saturio y su hermana Alba. Setenta kilómetros que suponen que el chaval sale de casa el lunes por la mañana y no regresa hasta el viernes por la tarde. Cinco días de por medio que no son muchos, pero son cinco veces más de los que madre e hijo estaban acostumbrados a pasar separados.

Y eso a veces pesa. Pero la economía no da para más, y Mila ni siquiera puede plantearse ir a verle entre semana. Bastante le cuesta ya ayudar a pagar la gasolina a alguno de los padres que se turnan para ir a llevarlos y a buscarlos (porque son varios los casos similares en la comarca de Valdeorras). «Miramos la posibilidad de un bus, pero era mucho dinero; y con el taxi pasa lo mismo», cuenta. «Porque la educación es gratuita, pero hay muchos otros gastos con los que no te ayuda nadie», continúa esta madre de dos hijos, en paro y sola.

Mila no se arrepiente de la decisión. Después de rematar los estudios de secundaria en el IES Martaguisela de O Barco -«porque siempre luché por la integración», dice- el chico estuvo un año en casa. «Fue para que se relajara y estuviera tranquilo, pero ya la pasada primavera nos pusimos a buscar», recuerda. Así conocieron el centro de Monforte.

El resultado está siendo muy bueno. «Alejandro está muy contento, y además le ha sentado bien, ha madurado y es más responsable», relata la orgullosa madre. Y añade: «él dice que se ha independizado, y algo de eso hay aunque esté en un colegio, porque ha empezado a encargarse de muchas cosas que antes le venían hechas». Además, trabaja en el módulo de jardinería. «Corta césped, cuida plantas, se encarga del invernadero...», explica su madre. Y hasta compite en varios deportes.

Por todo eso, Mila se entristece cuando piensa que el primero será también el último curso de Alejandro en Monforte. «A los 21 tienen que dejar el centro; y ahí viene el problema porque después no hay nada», señala. Al menos no cerca. «Eso supondría verlo una vez al mes, porque yo no puedo pagar un viaje a A Coruña [provincia en la que hay centros], y los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, pero separarlos de nosotros tanto tiempo no creo que sea bueno», reflexiona.

«Mandarlos de regreso a casa es un error, una vuelta atrás a lo aprendido»