1. El «locus amoenus»

La Voz

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18 ene 2012 . Actualizado a las 13:23 h.

En algunos casos, como el de Garcilaso de la Vega, la naturaleza aparece como un oasis de belleza absoluta y también como un adecuado escenario donde el autor puede expresar sus sentimientos. Se convierte en el llamado locus amoenus (que significa lugar agradable o deleitoso), el cual, hasta bien entrado el siglo XVI, era el motivo central de todas las descripciones de la naturaleza.

A la sombra holgando

de un alto pino o robre

o de alguna robusta y verde encina,

el ganado contando

de su manada pobre

que en la verde selva se avecina,

plata cendrada y fina

y oro luciente y puro

bajo y vil le parece,

y tanto lo aborrece

que aún no piensa que dello está seguro,

y como está en su seso

rehúye la cerviz del grave peso.

Convida a un dulce sueño

aquel manso ruido

del agua que la clara fuente envía,

y las aves sin dueño,

con canto no aprendido,

hinchen el aire de dulce armonía.

Háceles compañía,

a la sombra volando

y entre varios olores

gustando tiernas flores,

la solícita abeja susurrando;

los árboles, el viento

al sueño ayudan con su movimiento.

(Garcilaso de la Vega: «Égloga II»)

1 El «locus amoenus»

6 El mundo rural y la infancia

Es muy frecuente, también, en la poesía actual, encontrar evocaciones poéticas de la naturaleza, concretadas en el mundo rural como algo limpio e ingenuo, que recuerda el mundo infantil y auténtico del poeta, si este ha tenido esa experiencia vital en su infancia. Se identifica aquel mundo con lo mejor de uno mismo; se añora porque encierra también el recuerdo melancólico de un tiempo pasado, sencillo y feliz.

ALGO EN MÍ

Tourón, Ponte-Caldelas,

Tierra de Cotobade.

Los montes de mi estirpe:

ásperas cumbres, prados sosegados.

Augas Santas, Famelga.

De las rocas y el tojo

por donde en los inviernos ronda el lobo,

reconozco algo en mí,

y de esos verdes líquidos

en los que se recuestan apacibles las vacas,

algo también.

Loureiro, Carballedo,

As Lagóas, Xesteira, Vilanova.

De pronto, huraña y tierna,

es mi alma lo que veo

extenderse en la tarde ilimitada.

(Miguel D?Ors: «Sol de noviembre»)

3 «Alabanza de aldea»

En el interés mostrado por los poetas del Renacimiento, especialmente en destacar la belleza y el encanto de la vida natural, en la sencillez propia de la naturaleza, alejados de los agobios e insidias de la ciudad debidos al afán de fama y riqueza, surge una nueva orientación poética centrada en el llamado Menosprecio de corte y alabanza de aldea, título de una obra en prosa pionera en esta temática de fray Antonio de Guevara, fraile franciscano que llegó a ser obispo de Mondoñedo en la primera mitad del siglo XVI.

Estése el cortesano

procurando a su gusto

la blanda cama y el mejor sustento;

bese la ingrata mano

del poderoso injusto,

formando torres de esperanza al viento;

viva y muera sediento

por el honroso oficio:

y goce yo del suelo,

al aire, al sol y al hielo

ocupado en mi rústico ejercicio,

que más vale pobreza

en paz que en guerra mísera riqueza.

Ni temo al poderoso

ni al rico lisonjeo,

ni soy camaleón del que gobierna;

ni me tiene envidioso

la ambición y deseo

de ajena gloria ni de fama eterna.

Carne sabrosa y tierna,

vino aromatizado,

pan blanco de aquel día,

en prado, en fuente fría,

halla un pastor con hambre fatigado.

(Lope de Vega: «La Arcadia»)