«No volví desde aquel día y no volveré»

La Voz

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El comentario más habitual de los jóvenes sancionados por beber en la calle es que se trata de una sanción «exagerada». Así valoraba Aron y Lucía la multa de 600 euros, que les llegó a casa, «y eso que nos dijeron tranquilas, que somos vecinos y no os la mando», comentaba Lucía justo antes de la entrevista con la educadora. Su abuela tenía claro que «yo la multa no la pago, así que hacer algo no les vendrá mal, la ley está para cumplirla». Eduardo Martínez considera que «comparada con la multa por exceso de velocidad, en la que pones en peligro a otras personas, es muy exagerada». Si la pretensión de una «multa tan exagerada es que no volvamos a beber, yo al menos, al botellón no volví», comentó Gabriel Pérez, de Ribadavia, que fue sancionado junto a Eduardo y Enrique, en un botellón del mes de octubre. Gabriel considera que la sanción «no me parece normal. Si necesitan gente para trabajos sociales, que hagan contratos, que no vienen mal». Este estudiante espera que «la sustitutoria sea compatible con los estudios». Ninguno de los tres amigos han vuelto a pisar el botellón: «No volví desde aquel día y no creo que vuelva», apunta Gabriel. Enrique también tiene claro que al botellón no volverá, pero considera que la sanción es «desproporcionada». Eduardo insiste en que «hasta recogimos, porque nos dijeron que la sanción sería menor; y nos pusieron la máxima, 750 euros».

Por su parte, la concejala de Benestar Social, Paula Prado, insiste en que la intención no es «recaudatoria», sino hacerles entender que «que la ingesta masiva y rápida de alcohol, como se hace en el botellón» es muy perjudicial.