Paradojas de la economía, el régimen comunista de Pekín abandera la toma de control de multitud de empresas en el capitalista occidente, que a la vez suspira por el dinero asiático y desconfía de él y de sus intenciones. De hecho, que China prefiera el mercado europeo al estadounidense responde precisamente a las trabas que este último le pone, donde su estrategia inversora levanta ampollas y muchos recelos. Aunque la desconfianza no es exclusiva de Norteamérica. Un estudio reciente del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores sostiene que China se ha convertido ya en un nuevo elemento de división en el interior de la UE, donde se ha abierto una brecha: a un lado están países como Grecia, Portugal, Italia o España, que reclaman el auxilio oriental para sortear su endeudamiento. En el otro, los que, con mayor vocación exportadora, como Alemania, el Reino Unido, Holanda o Suecia, libran un pulso con Pekín para que elimine las barreras proteccionistas con que preserva su mercado.
Ejemplo de ello son las recientes transacciones fallidas en Francia e Islandia. En el primer caso, la mayor compañía de alimentación china, Bright Food, pretendía comprar el 50 % de la empresa gala de lácteos Yoplait, pero el Gobierno francés bendijo la venta a la estadounidense General Mills que, sin embargo, ofrecía menos dinero. Pese a este revés, el presidente de Bright Food, Wang Zong Nan, no se rinde, y sigue adelante con su intención de hacerse un una de las tres mayores empresas europeas de alimentos.
Suelo para hoteles
Algo similar ha ocurrido hace un par de semanas en Islandia, donde el Ejecutivo rechazó la oferta del magnate Huang Hubo, presidente de la firma pekinesa Zhongkun Investment Group, para comprar 300 kilómetros de la isla nórdica para desarrollar un complejo hotelero.
Huang no encajó bien la negativa de las autoridades -la argumentaron por la imposibilidad de que una parte tan grande de Islandia quedara bajo control extranjero-, ya que calificó de «pueblerina» la decisión en declaraciones al periódico oficial China Daily y acusó a los países occidentales de «imponer dobles estándares», pues al mismo tiempo que piden al mercado chino que se abra, ellos cierran la puerta a la inversión del gigante asiático.