La Casa de Alba amplía en 15 años la cesión del castillo de Naraío al Concello de San Sadurniño
SAN SADURNIÑO
El Ayuntamiento proyecta una nueva intervención en la fortaleza que perteneció a los Andrade y acabaron heredando los antepasados de la aristócrata Cayetana Fitz-James Stuart
05 feb 2026 . Actualizado a las 19:18 h.La Fundación Casa de Alba, propietaria del castillo de Naraío, el gran baluarte de San Sadurniño, ha ampliado en 15 años la cesión de la fortaleza al Concello. Esta semana, el regidor, el nacionalista Secundino García, y el director jurídico de la fundación que gestiona el patrimonio de los herederos de Cayetana Fitz-James Stuart, el abogado Emilio Ramírez, rubricaron ante notario, en San Sadurniño, la extensión del usufructo del castillo por parte del Ayuntamiento. En realidad, aún faltaban casi diez años para que venciera el acuerdo anterior. «Pero un dos requisitos da convocatoria de axudas da Deputación provincial é que os bens deben ter carácter público e titularidade municipal, que no caso dun dereito de posesión [el usufructo] debe ser polo menos de dez anos», remarcan fuentes municipales.
De ahí la premura en ampliar el plazo, puesto que el Ayuntamiento ha solicitado una aportación económica a la Administración provincial para financiar el 80 % del presupuesto de la cuarta intervención prevista en el castillo, Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1994, con un coste total de 190.000 euros. La fortaleza se erige sobre un roquedal, a 400 metros de altitud, con el río Castro a los pies. En tiempos de Fernán Pérez de Andrade, O Bóo, además de residencia, fue cárcel «para vasallos rebeldes o morosos»; y acabó en manos de la Casa da Alba, como parte del patrimonio heredado de la familia Andrade.
En el pleno municipal de San Sadurniño del 30 de junio de 2005, se acordó aceptar el borrador del convenio de cesión del castillo de Naraío propuesto por la Fundación Casa de Alba. El documento que firmaron, poco después, el entonces alcalde, el popular Constantino Bedoya, y la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, en el palacio de Liria, en Madrid, establecía la cesión al Concello para uso público por 30 años. Se trataba de una exigencia legal para optar a cualquier tipo de ayuda para su rehabilitación.
Entre historia y leyenda
A Manuela Piñeiro, Manolita de Fontao, vecina de la parroquia y directiva de la Asociación de Veciños O Castelo de Naraío, su abuela, «que era unha muller moi seria», le contaba que «unha vez lles caera unha ovella na presa, ao pé do castelo, estivérana buscando e á media hora ou así empezaran a flotar na auga os intestinos...». «Que haberá aí?», se preguntaban entonces, y ella aún recuerda el miedo que le producía aquel relato legendario. Hay otras historias de tinte tragicómico: «Dicíase que uns veciños se esconderan no castelo para meterlle medo a unha señora e que lles deixara a herdanza». Y alguna algo más seria, como la extracción de piedras de la antigua fortaleza para levantar viviendas. «Sábese porque as pedras estaban marcadas polos carpinteiros, a xente utilizaba o material que tiña máis próximo», explica la autora, junto con Alberto Veiga, de Narahío, un castelo medieval, un «libriño» que recopila escritos sobre el imponente fortín de San Sadurniño, editado por el colectivo vecinal en los años 80.
Como repite el escritor y periodista Ramón Loureiro, «o de Naraío non é un castelo calquera; foi, de feito, unha das fortalezas de Fernán Pérez de Andrade, O Bóo, aquel gran cabaleiro do século XIV». Pero la datación efectuada en 2021 por la Universidade da Coruña, a partir del análisis de los morteros de unión de la piedra, sitúa su construcción en el siglo XII. «Sacamos unha mostra do alxibe da torre de homenaxe, o primeiro elemento que se construíu, e deunos unha datación absoluta entre o 900 e o 1197», indicaba Francisco Alonso, director arqueológico de los trabajos ejecutados entre 2019 y 2020.
La segunda Revolta Irmandiña
La documentación previa, en especial la contenida en el Pleito Tabera-Fonseca, «principal fonte histórica para coñecer o ocorrido durante a segunda Revolta Irmandiña, sementou a crenza colectiva de que a fortaleza pertencía a esa época [siglos XIV y XV], aínda que os estudosos xa sabían que o edificio que hoxe se conserva eran resultado dunhas obras iniciadas moito antes», señalan fuentes municipales. El arqueólogo Anxo Felpeto, responsable de las investigaciones iniciadas en 2007, ya avanzó que la construcción del castillo había arrancado entre los siglos XIII y XIV. Apuntaba tres fases posteriores: una ampliación entre los siglos XIV y XV; otra «destructiva», que acabó con parte de la edificación, entre 1467 y 1469, durante la segunda Revolta Irmandiña; y la de reconstrucción, en la que habrían participado «como castigo, os labregos [irmandiños] que a botaran abaixo».
«É un ben dun grande valor arquitectónico e histórico, ademais dun dos nosos principais atractivos turísticos e un dos elementos fundamentais do Xeoparque do Cabo Ortegal, polo feito de encontrarse nunha paisaxe granítica moi singular, e por ser porta sur de entrada ao territorio certificado pola UNESCO», subraya el mandatario local. Ahora está previsto actuar en la base de la torre de homenaje, «para definir con claridade o seu arranque sobre a rocha viva, retirando os entullos acumulados durante séculos [...], e recuperar zonas de paso históricas, como a antiga poterna». Además de consolidar un contrafuerte «clave para a estabilidade do castelo», en el segundo cierre perimetral del montículo; y mejorar los accesos y las sendas interiores.
«Cada vez averiguamos más cosas, junto con los arqueólogos; es un trabajo multidisciplinar para aguantar la estructura y consolidar las partes esenciales», explica el arquitecto José Antonio Alonso, que ha dirigido los distintos proyectos, incluido el cuarto, pendiente de ejecutar. Destaca el valor histórico y también «el significado del castillo desde el punto de vista paisajístico».
«O castelo é un referente, un símbolo da parroquia, vén moita xente velo, pero incluso os que somos de aquí... é raro que unha vez ao ano non pases por alí», apunta Almudena Veiga, expresidenta del colectivo que lleva el nombre de la emblemática fortaleza. Manolo Varela, concejal de Desenvolvemento Local, incide en la excepcionalidad del castillo «desde o punto de vista arquitectónico e histórico». «É moito o que aínda esconde o castelo», concluye. Manuela Piñeiro reconoce que «antes non se valoraba nada, víase coma unha pila de pedras, pero o feito de que veña tanta xente e se invistan cartos nel axuda a que tamén aquí se lle dea valor».