Conversadores

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

PONTEDEUME

24 ene 2020 . Actualizado a las 22:31 h.

Se llaman, ya saben ustedes, parladoiros, y son esas ventanas, tan habituales en torres, monasterios, fortalezas y pazos gallegos, que en su parte interior tenían -y siguen teniendo-, a manera de asiento, dos grandes salientes de piedra que permitían que dos personas pudiesen conversar frente a frente, mirándose a los ojos o contemplando el paisaje -lo que prefiriesen, según el momento-, pero en cualquier caso estando, entre sí, muy cerca. No debía de ser una mala manera, aquella, de pasar las horas, haciendo tertulia al amparo de un noble edificio y viendo brillar, al mismo tiempo, al otro lado de la ventana, toda la belleza del Viejo Reino. Parladoiros los hay, maravillosos, en las ciudades episcopales, como Compostela. Pero a mí, en este momento, aún me parecen más hermosos los de la torre de los Andrade, en Pontedeume -ese torreón que es lo único que ha llegado hasta nosotros del antiguo palacio-, y los del monasterio de Caaveiro. Me imagino a don Fernando de Andrade, que hoy es un caballero de mármol que descansa en el silencio de la iglesia de Santiago de Pontedeume, sentado en uno de esos parladoiros de su torre, viendo al Eume convertirse en mar ante sus ojos y recordando, con algún amigo, las glorias de Italia, país en el que el sol se convierte en trigo y donde los puentes alzados por el romano le susurran al viajero las meditaciones de Marco Aurelio. Como me imagino, también, a los canónigos agustinos de Caaveiro, comentando las Epístolas familiares de Guevara frente a las fragas del Eume. Supongo que todo aquello debía de parecerse mucho a la felicidad completa. Mayormente, a la hora de la merienda.