Bruno Lozano, presidente hasta el 31 de diciembre: «La Escola de Gaitas de Ortigueira es familia, orgullo y trabajo»
ORTIGUEIRA
De sus 13 años al frente de la directiva, destaca el viaje a Nueva York o los actos del 50 aniversario de la banda decana de Galicia entre los mayores hitos
28 dic 2025 . Actualizado a las 13:02 h.Tenía 11 años cuando entró en la Escola de Gaitas de Ortigueira (EGO) y el 31 de diciembre, con 36, dejará la directiva de la agrupación decana de Galicia, después de 13 años como presidente, y también la banda, a la que ha dedicado un cuarto de siglo. «Empecé con la gaita y después me fui moviendo hacia la percusión, animado por Bossa [Javier Pena]», repasa. Así hasta que en 2011, el entonces presidente de la EGO, Jaime García, le animó a integrarse en la directiva. «Dijo que necesitaba que se uniera gente joven con ganas, ese año estuve de vicepresidente y fuimos formando el equipo actual, que salió en las elecciones de 2012», recuerda.
Una norma no escrita establece que la directiva de la EGO ha de estar compuesta por músicos de la banda, «porque así conoces bien el funcionamiento, sabes todo lo que pasa». Con 24 años se puso al frente de una formación reconocida y de prestigio, la que, de la mano de Xavier Garrote, había fundado el Festival Internacional do Mundo Celta en 1978. «Claro que sientes vértigo, aún hoy, siempre te preguntas qué pasará», reconoce este ortigueirés «de toda la vida», gerente de ventas de una empresa ucraniana.
Sostiene que la mayor dificultad de liderar un proyecto tan consolidado es «buscar cosas nuevas». En su etapa surgió el Son Cervexeiro, con el fin de recaudar fondos para financiar otro de los grandes hitos de los últimos años, el viaje a Nueva York para participar en el desfile de San Patricio. Aquella iniciativa funcionó desde el principio y «tendrá continuidad, seguro», igual que el Concerto Solidario. El Festival de Ortigueira representa el mayor desafío para la EGO, año tras año, por su propia actuación y por el trabajo que supone «tener que cuadrar el tetris de las bandas», y ya antes, a nivel organizativo, de la mano del comité. Por eso a veces, cuando se reúnen, alguien dice: «Paciencia, no somos profesionales». «Aunque a veces lo parezca, por todo lo que hacemos en el Mundo Celta, sirviendo los callos en el Son...», destaca.
De todo lo vivido en estos últimos 13 años, Bruno apunta a la celebración del 50 aniversario de la EGO como el mayor desafío. «Ha sido el hito más potente, un año entero con actividades, el documental, la exposición de fotos, Rodrigo [el director] consiguiendo punteiros para todos los que volvieron a tocar después de años sin hacerlo... requirió muchísimo tiempo y muchísimo trabajo». Para el aún presidente, la EGO «es familia (puedes tirar de un compañero siempre y va a estar para lo que haga falta), orgullo, esfuerzo y trabajo (a veces no se ve pero es muy grande, por parte de la directiva y de los músicos)».
«Hay mucha cantera»
Igual de natural que resultó su incorporación, será su salida, o al menos así lo pretende. «Es un fin de ciclo, se acaban las ideas, hay mucha cantera en la parte musical y para la directiva, y todo tiene un final. Queda Estefanía Pérez [vicepresidenta] hasta las elecciones», explica. Reconoce que se le va a hacer raro «ver tocar a la EGO en el Festival de Ortigueira y no estar allí». Pero agradecerá «un descanso»: «No es que me sienta cansado, pero es la ocupación de tiempo que lleva la banda, no es como una asociación más pequeña... tengo un trabajo (que es lo que me da de comer) y para estar dentro de la EGO quiero estar al cien por cien».
Como músico, resume las vivencias que más le han marcado en estos 25 años: «Cruzar el charco fue de las experiencias más increíbles. Los viajes son lo más bonito, ir a tocar a Francia... haces amigos por el mundo, te enriquece culturalmente y te hace ser mejor persona. Es un aprendizaje enorme que me llevo para siempre». Cree que el mejor modo de despedirse de su equipo «será tomándose unas cervezas».